Tal vez sin quererlo Luis Videgaray destapó la semana pasada a José Antonio Meade Kuribreña como uno de los precandidatos del tricolor a la candidatura presidencial; el canciller mexicano le quiso componer y Peña Nieto le ayudó con su discurso simple que pretendía disimular lo que desde hace meses se venía dando.
Porque el ex secretario de Hacienda, quien también ocupó ese cargo en el segundo sexenio panista desempeñó una buena gestión al frente de la SHCP. En palabras de un analista de Banorte «fue capaz de otorgar certeza a los mercados, lo cual se vio reflejado en el cambio de perspectiva de ‹negativa› a ‹neutral› que realizaron S&P y Fitch (organizaciones financieras)».
A esto se le suma su experiencia, como ya acotamos, en dos gobiernos federales: con Calderón y con Peña Nieto. Sabe lo que es estar en un gabinete presidencial y ser parte sólida del mismo. No obstante, y pese a su buena aceptación que ha tenido en su primer día –la CTM y la CNC le dieron su rrespaldo–, este detalle parece ser lo que le podría jugar en contra en su intento de aparecer en la boleta electoral con el logo del PRI.
Porque históricamente el tricolor mandaba a las elecciones a los llamados «candidatos de la unidad», es decir, avalado por la «mayoría». Digo, sabemos que se trata de otro «dedazo» del grupo que controla las riendas del partido –léase grupo Atlacomulco– pero lo que hará ruido de aquí en adelante es que se trate de alguien que no es militante del PRI.
Meade no es ni blanquiazul ni tricolor. Muchas voces advirtieron que el cambio en los estatutos del «partidosaurio» fue, si bien no pensando en Meade especialmente, para apostar por un personaje que luciera fuerte y diera ciertas garantías de triunfo ante una oposición –AMLO y Frente Ciudadadano por México– que parece pujará fuerte.
Esa apertura del PRI le vino a dar a Meade una fuerza para decidirse a expulsar sus aspiraciones presidenciales. Desde afuera puede verse como una ventaja el hecho de que haya formado parte de uno de los gobiernos panistas, porque los acuerdos políticos con el blanquiazul pueden ser más fáciles de materializar.
No obstante, en las bases del PRI esta circunstancia puede jugar en su contra. Para la tradición tricolor el hecho de que no sea un militante quien contienda por seguir en Los Pinos puede ser un dolor de cabeza, misma situación que se podría presentar en la CDMX si deciden lanzar a Narro Robles.
Así las cosas, se ha empezado a revisar quiénes podrían «cantarle el tiro» al exsecretario de Hacienda para ser el bueno en el 2018. Por lo pronto Meade ya se vio en Los Pinos.
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