Margarita o del prejuicio religioso.
Y en la historia de horror del siglo XXI, presentamos: ¡Margarita, tolerar es ignorar!
Mucho le criticamos a Donald Trump su comportamiento con ciertos sectores de la comunidad internacional: mujeres, homoeróticos, mexicanos, «terroristas» y extranjeros, pero qué tan capaces somos de no perdernos en un espejismo nacionalista y encontrar en las figuras políticas del país estas mismas actitudes y creencias que más allá de apoyar a los grupos marginales, los vulneran más al ignorarlos.
En algunas de sus apariciones como aspirante independiente a la presidencia, Margarita Zavala ha dejado entrever en sus comportamientos y declaraciones ciertos prejuicios contra las parejas homoparentales y contra quienes apoyan el uso lúdico y recreativo de la marihuana.
En cuanto a las parejas homoparentales, después de negarse a salir en un video con una familia compuesta por dos madres y una hija, durante su participación en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la expanista Margarita Zavala afirmó:
«Tengo una religión que es católica, comparto valores cristianos y estoy muy orgullosa de ello, y ahí hay un concepto de matrimonio, que es entre hombre y mujer, y yo no le impongo a nadie mis creencias, seré respetuosa de la ley. Si los congresos locales deciden, los gobiernos tendrán que respetar».
Respecto al uso lúdico afirmó que quienes apoyan la legalización de la marihuana con un fin recreativo, son ingenuos, pues esta estrategia no reducirá los índices de violencia, la inseguridad y las adicciones. Aunque después de emitir este juicio, afirmó que era mejor consultar el tema con especialistas.
Con este tipo de discursos y desaciertos, la pregunta es: ¿qué clase de gobierno puede esperarse de una persona que aún no tiene claras sus propuestas para erradicar los problemas que aquejan a todo un país atestado de diversidad?
Aunque es evidente que cada individuo puede elegir sus creencias religiosas, también es necesario enunciar el concepto: «laicidad». En ese sentido, Margarita Zavala, como aspirante presidencial, debería empezar por comprender que el derecho de las parejas homoparentales no está en manos de los congresos locales, sino de ellas mismas, ¿no es acaso eso la democracia?
Y si los congresos locales lo avalan, ¿no debería estar enunciando ya sus propuestas para esa comunidad, como un fin común para toda la sociedad mexicana, en lugar de negarse a aparecer en videos con parejas homoparentales?
En cuanto a la legalización de la marihuana, ni hablar, la aspirante emitió un juicio, sin argumentación y después dejó entrever cierto desconocimiento del tema, pues prefirió dejar a los especialistas esa decisión.
Es indudable que en la toma de decisiones que afectan a todo un país tan diverso y grande como México, se requiere a una persona con un amplio pensamiento crítico, que no huya de las circunstancias reales que contradicen sus creencias religiosas y, sobretodo, que desde antes de colocarse en la silla presidencial, ya pueda enunciar el rumbo que propone para el país. De lo contrario, seguiremos el modelo gringo actual: Colocaremos en la silla del águila a un ser intolerante, ignorante de ciertas problemáticas y enfocado o enfocada solo en el avance urbano y económico de la nación, dejando de lado todo lo concerniente a las minorías.
En la tinta de Mimí Kitamura
HOY NOVEDADES/LIBRE OPINIÓN







