«Al artista se le juzga por la obra, no por la vida»
Jorge Valdano
Coincido plenamente con la frase que se encuentra arriba de esta primera línea, solo le agregaría que conocer la vida del artista ayuda a comprender mejor su obra. La cita y el tema vinieron a mí cuando leí la noticia de la detención de Luis Alfredo González Hernández, un venezolano conocido como el «artista antropófago», quien asesinaba a personas, se las comía y usaba su sangre para pintar sobre lienzos.
Enseguida me formulé las siguientes preguntas: ¿y si este loco es realmente un artista? ¿Podríamos apreciar su arte sin pensar en las atrocidades que cometió? Desde luego que la respuesta es tan individual y singular como las huellas dactilares, pero es una postura que cuesta trabajo fijar. Trataré de poner esto en perspectivas hipotéticas y ucrónicas, y en una verdadera.
Qué pasaría si de repente se da a conocer que Julio Cortázar, en algún momento de su cronopia vida, mató a un hombre tras una noche alocada. Creo que serían pocos los que dejarían de disfrutar Rayuela y la particular forma en la que se concibió, o dejarían de leer sus cuentos porque el escritor argentino, ahora, sería un asesino. O cuál sería la respuesta de la gente se entera que Van Gogh fue testigo de una violación y no dijo nada; ¿perderían valor alguno sus cuadros?, ¿Los Girasoles dejarían de maravillarnos por este acto no denunciado?
Vayamos a la contraparte real, lo que sí pasó. En vida Oscar Wilde fue, hasta que se descubrió su homosexualidad, un héroe literario británico que se veneraba como pocos hombres en la historia. Pero cuando se supo de su preferencia sexual fue enviado a la cárcel y esos mismos que lo idolatraban y acudían a presenciar la escenificación de sus obras teatrales fueron los mismos que por razones «moralinas» lo repudiaron y hasta quemaron sus libros.
Volvamos a imaginar un poco más del otro lado. Qué tal si, por azares del destino, se encuentran textos inéditos de Benito Mussolini. Son novelas y cuentos que dejan ver que el dictador fue un genio literario equiparable a Borges, Monsiváis y Bukowski, apoco nos privaríamos de leer los libros porque un pensamiento erróneo le hizo cometer atrocidades que sensibilizan a cualquiera y marcaron la historia de la humanidad.
No sé si las obras de Luis Alfredo tengan valor artístico, pero si así fuera no me imagino, muy a mi pesar, a un valiente personaje cultural tratando de exhibir los lienzos. Y en un terreno más que hipotético, si la exposición se hiciera, ¿sería atractiva para el público o éste la repudiaría por los asesinatos cometidos? Sin duda el hecho de que la sangre de las víctimas funja como pintura es una atenuante atroz e intimidante, pero si el arte tiene valor cualitativo bien podríamos apreciarlo y, además, denostar al artista pero no como creador sino como persona.
Por: Gustavo «El Displicente»
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