El Trife da gala de incompetencia y, sin valorar argumentos del INE, avala la candidatura del quinto aspirante a la presidencia.
El Bronco se dice apartidista, pero llega a la boleta electoral usando artimañas propias de las instituciones políticas.
El revés planteado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife) al INE, en torno a la validación de la candidatura de Jaime Rodríguez Calderón «el Bronco», debe sentar las bases para un análisis de dos panoramas específicos; uno de ellos corresponde a la normativa bajo la cual los independientes reúnen sus firmas; y el otro, la rápida respuesta a la revisión de apoyos, verificación de los mismos y próspera resolución de la situación electoral del candidato.
Irónico es que Margarita Zavala exprese su descontento cuando su validación como aspirante fue igual de dudosa, rodeada de incertidumbre y dejando más preguntas que afirmaciones. Recordemos que mientras el INE resolvía su situación, ella ya estaba celebrando el inicio de su campaña en el Ángel de la Independencia, ante la mirada de unos cientos de seguidores.
A la ex primera dama no le basta con ser marginada de algunos de los eventos a los que son invitados los presidenciables, o bien sus asesores ―situación que además de dejar al descubierto un poco de sexismo, evidencia una falta de seriedad respecto a su campaña―, sino que se atreve a rechazar las decisiones del Trife, anteponiendo su respeto a la autoridad electoral.
Caso similar fue el suscitado con Rodríguez Calderón, ya que, mientras el Tribunal discutía su situación, la prensa y el mismo equipo de campaña del aspirante, tenían conocimiento de la posible resolución que culminó por ser favorable para él.
Así mismo, el Tribunal solicitó al INE explorar las posibilidades de Armando Ríos Piter y su posible llegada a la boleta electoral, escenario que, de concretarse, sería un golpe severo a la autoridad de este organismo organizador, que de por sí denota dudas entre la ciudadanía por lo sucedido en procesos anteriores.
Y es que la validación de candidaturas de último momento arrastra varias inconsistencias que pueden ser reflejo de la putrefacción que persigue a las instituciones en México o, siendo menos apocalípticos, de la poca madurez de la autoridad electoral, la cual fue creada en 1990 y que apenas en 2014, cambió su nombre de IFE a INE, convirtiéndose, en cierta medida, en un organismo descentralizado con facultades que resultan «ajenas» a la federación.
Recordemos que el INE recurrió a la empresa Grupo de Tecnología Cibernética (Grupo Tecno), misma que ya había sido inhabilitada por el organismo por su deficiencia en servicios e incumplimiento de los mismos, para desarrollar la aplicación con la cual se captarían las firmas, hecho que remolcó a los candidatos a denunciar diversas dificultades para realizar este procedimiento a tan solo unas horas de haber iniciado el periodo estipulado por la autoridad.
Error del Tribunal es avalar y, peor aún, ordenar al INE que dé el registro a los candidatos sin mostrar pruebas determinantes para ello, sobre todo, luego de que el instituto electoral frenara a los aspirantes en su intento por llegar a la presidencia por diversas cuestiones, entre ellas por la documentación de triangulaciones de dinero para financiamiento de campañas, firmas duplicadas, fotocopias presentadas, entre otras.
Es decir, aquellos aspirantes independientes, cuyo estatus adquirieron tras dejar a las instituciones que los cobijaron en procesos electorales anteriores, incurrieron en prácticas similares a las que desestimaron y pusieron como causal de su salida del PAN, por parte de Margarita Zavala; del PRD, por Ríos Piter; y del PRI ―hace ya unos años―, por el Bronco.
No es para menos la ámpula que dejan tanto el Trife como el INE tras estas resoluciones, que a pesar de ser instituciones que deberían complementarse, contemplan panoramas distintos para avalar las postulaciones. Extensas explicaciones debe el Tribunal a la ciudadanía que, acostumbrada a las maromas electorales, hace caso omiso al fallo que tendrá repercusiones infravaloradas por el resto de los candidatos a la presidencia.
De esta forma, se suma a la altanería de Anaya, a la necedad de Obrador, a la pasividad de Meade y a la tibieza de Zavala, «el limón de las hemorroides de los políticos», el peladito regiomontano, quien no hará más que captar votos indecisos al igual que como lo hizo Quadri en 2012: ya no en combi, sino a caballo; ya no con lentes y bigote, sino con sombrero; ya no veremos spots con un «a huevo», sino con un personaje refiriéndose a la gente como «raza».
Por: César J.G.
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