Ya son cinco los candidatos presidenciales.
Bienvenidos todos al proceso electoral

Ya son cinco los candidatos presidenciales.

El INE ratificó la resolución del TEPJF para incluir a Jaime Rodríguez Calderón en la boleta presidencial.

El primero en descubrir las intenciones de parricidio que Demetrio tenía, fue el starets Zósimo, quien arrodillado frente al mayor de los hermanos Karamazov parece reconocer en él la determinación de eliminar a su padre, de consumar el asesinato a cambio de librarse de un rival de amores y del hombre que le arrebató lo que por herencia le correspondía.

A esa escena de la novela de Fiódor Dostoievski, me recordó la resolución del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) con respecto al regreso de Jaime Rodríguez Calderón a la contienda electoral, no por ser el Tribunal la figura del clérigo que el escritor ruso retractó, sino por ser el pueblo una vez más quien se humilla y no puede hacer nada ante las élites del poder.

Al igual que Demetrio, el Bronco jamás escondió sus intenciones: el primero quería matar a su padre, arrebatarle tres mil rublos y quedarse con la mujer que se disputaban; el segundo quiere llegar a la presidencia de manera «independiente». Ninguno disimuló sus intenciones y para consumar sus propósitos podrían capaces de cualquier cosa.

La resolución del Tribunal, confirmada por el Instituto Nacional Electoral (INE), lejos de ratificar la validez de los 849 mil 937 apoyos (98.08 por ciento del total requeridos para aspirar a una candidatura presidencial), reconoció la ineficacia de un sistema electoral capaz de autorizar un millón 184 mil 466 firmas falsas. Entre apoyos duplicados, personas fallecidas, fotocopias, credenciales no vigentes o elementos no válidos (licencias de manejo u otras tarjetas), están los errores que el equipo de Jaime Rodríguez cometió en el proceso de recaudación de firmas.

El Tribunal y el INE no solo permitieron a Margarita Zavala y al Bronco participar en el proceso electoral con un número descomunal de engaños o errores, también dejaron fuera a la única aspirante independiente que logró acreditar el 94.5 por ciento de sus apoyos, la vocera del Concejo Nacional Indígena, María de Jesús Patricio Martínez.

Al respecto, Pedro Kumamoto, candidato independiente al Senado, puso sobre la mesa la necesidad de reformar la ley electoral. En primer lugar, pidió no poner a los aspirantes independientes en la misma bolsa y propuso la idea de limitar el margen de error a 15 por ciento, para que se reduzcan las violaciones al proceso electoral.

Lo que planteó Kumamoto, no es otra cosa que dejar fuera a los candidatos independientes que no acrediten más del 85 por ciento de la totalidad de sus firmas, lo cual consideró como un margen apropiado para eliminar posibles errores humanos en la recolección de apoyos.

La preocupación del aspirante al Senado y de gran parte de la sociedad es la facilidad con la que se lastima, desde las cúpulas del poder, a la política y al pueblo mexicano. No se puede dejar pasar que Rodríguez falsificó (él o su equipo) más de la mitad de las firmas que presentó al INE; en su afán de engañar al Instituto, no solo fueron las firmas las que casi lo sacan de las boletas, también se notificaron irregularidades al momento de la recolección,  más de 17 millones de pesos de financiamiento sospechoso, triangulaciones con empresas de dudosa calidad, gastos no reportados y capturas de firmas de manera masiva.

En la novela de Dostoievski, antes de iniciar el juicio de Demetrio, se descubre que él no es el asesino de su padre, sin embargo, lo anunció tanto, todos conocían sus planes, razones y quizá las formas en las que podría llevar a cabo el parricidio, que dio entrada a otros posibles homicidas, quienes, aprovechando la atención puesta sobre el mayor de los Karamazov, cumplieron el capricho de asesinar a un hombre, que dicho sea de paso, no representaba el ejemplo del padre modelo a seguir.

De manera similar, la aparición de dos aspirantes presidenciales, que mintieron y violaron a una de las instituciones más respetables —según el gobierno federal—, permitirá a otros actores (si no es que ya los hay) dañarla, arrastrar su prestigio y ufanarse de ello. Este será el precedente para que los próximos candidatos independientes consideren viable engañar al INE y —sin temor a equivocarme— buscarán nuevas formas para burlar a las instituciones electorales.

El INE, cabe decirlo, no falló al reconocer las firmas buenas, solo prefirió no poner énfasis en los engaños de los independientes. No serán, pues, el Bronco y Margarita, quienes asesinen al Instituto, al Tribunal o a la Fepade, pero dejarán la puerta abierta para que bandidos, mentirosos, defraudadores y en general la clase política mexicana, busque acceder a las cumbres del poder.

Por: Ernesto Jiménez

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