Anaya o de la posverdad en la nueva militancia blanquiazul
Anaya o de la posverdad en la nueva militancia blanquiazul

Ricardo Anaya tiene un mes para remontar los 18 puntos de distancia que marcan las encuestas respecto a AMLO.

Anaya traicionó al PAN, forjó alianzas con el PRD y MC, e incurrió en hechos ilícitos para constituirse como candidato a la presidencia.

No hay duda de que los candidatos a la presidencia de México se deben, en gran medida, a aquellos que respaldan su campaña: voceros, asesores y coordinadores. De ahí que surjan muchos personajes que se atrevan a emitir comentarios y, con ello, logren explicar o defender posiciones que los mismos aspirantes omiten en declaraciones, entrevistas y debates.

Tal es el caso de personajes como Tatiana Clouthier, quien da la cara por AMLO; Javier Lozano y Aurelio Nuño, quienes intentan defender a un indefendible Meade, o Jorge Castañeda y, en ocasiones, Diego Fernández de Cevallos, quienes aceptaron la afrenta propuesta por Ricardo Anaya para estas elecciones.

Sin duda, se trata de personas destacadas dentro del ámbito político del país, no obstante, sorprende en demasía el desempeño de tres personas: Clouthier, Castañeda y Cevallos. Mientras la primera intenta, mediante el humor y la gran retórica que la caracteriza, hacer frente a los embates que se gestan en contra del tabasqueño; Castañeda y Cevallos crean una dupla con características que, el apodado Cerillo, reúne en su persona.

Castañeda, un político creado a la usanza de Fox, no teme hablar con lenguaje florido para hacer valer su palabra, quien además cuenta con experiencia en términos de guerra sucia. No me sorprendería que, ahora, Jorge Castañeda sea quien materializa las cartulinas como las que Anaya mostró en el debate pasado que, si bien contenían información desmentida por Verificado 2018, ya fueron vistas por las masas que miran y escuchan a los medios masivos de comunicación, sin cuestionar su veracidad.

Complementando esa estrategia y sumando a ello la buena oratoria, ubicamos al «Jefe» Diego, quien conoce la gestión y la estrategia política de López Obrador. Recordemos que en el 2000, cuando el oriundo de Macuspana, Tabasco, era aspirante a la jefatura de Gobierno del entonces Distrito Federal, Cevallos no fue considerado importante para su partido en las elecciones presidenciales de ese mismo año y, a cambio, le fue cedido el primer puesto como senador plurinominal.

De esta forma, podemos hablar de dos panistas pertenecientes a una misma generación, a distintas fuerzas políticas, pero, a fin de cuentas, aliados bajo una finalidad. Aspecto de vital relevancia dentro de la política actual panista, es que el «Jefe» Diego cuenta con una «serie interminable de ranchos en el estado de Querétaro», estado de donde es oriundo el mal llamado «Niño maravilla»; puede ser una coincidencia, no obstante, la confluencia de ideas entre el hoy aspirante a la presidencia y «el viejo lobo de mar» continúa en el momento en el que la fuerza política que formó como presidentes a Fox y a Felipe Calderón ha caído, junto con Margarita Zavala y, en contraparte, un nuevo panismo ―aquella fracción que guiaba Cevallos― ha resurgido con Ricardo Anaya como punta de lanza.

La buena oratoria, argumentación y seguridad que gustaban en Fernández de Cevallos son ahora cualidades que vemos en Ricardo Anaya, sumando a ello un ceño de traición y altanería. Sin embargo, no debemos olvidar que es justo este panista de la vieja guardia quien se ha encargado de crear el vínculo que podría existir entre la clase política que representa Carlos Salinas de Gortari ―de quien se ha dicho amigo al grado de acudir a su fiesta de cumpleaños el pasado mes de abril― y el joven queretano.

Sin duda, Anaya ha logrado llegar a diversos sectores de la población con sus dichos, que no propuestas. Se ha permitido tocar temas sensibles para la sociedad mexicana abarcando a diversos sectores: juventud marginada, violencia contra la mujer, paridad de género, innovación y tecnología, educación, migrantes, etcétera; sin embargo, el nuevo PAN, aquel que está tras de él y que se conforma por la «nueva» militancia, son completos desconocidos, por ende, dan pie a que sus capacidades políticas sean puestas en duda.

A pesar de la personalidad de Anaya, parlanchina y altanera, no sorprende su eventual silencio. Mediáticamente debe ser cauteloso para que las acusaciones en torno a la triangulación de fondos y lavado de dinero, por las que es perseguido por la PGR, sean de alguna forma olvidadas por la ciudadanía que parece buscar más un político envalentonado que uno consciente de los sectores vulnerables de la sociedad que éste pretende gobernar.

Anaya se desvive hablando de tecnología e innovación sin mirar a los estados en donde la pobreza merma el crecimiento de poblaciones enteras. No piensa en la homologación de condiciones, sino en el voto de los clasemedieros que tienen acceso a ciertos servicios. Apela a la desinformación y la sobrepone a lo real, es decir, es fiel combatiente de la posverdad.

Su cercanía con la clase empresarial angustia a los allegados a López Obrador, razón por la cual el candidato de Juntos haremos historia se ha visto en la necesidad de aclarar que no tiene ningún conflicto con la clase empresarial.

Anaya y la cúpula empresarial tienen un nexo que no es visible a simple vista. Ejemplo de ello es que, en primera instancia, le ha dedicado tiempo a instituciones educativas privadas como el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Este último, propiedad de Alberto Baillères, quien a su vez es propietario de Palacio de Hierro y que, además ―según documenta Álvaro Delgado en su más reciente publicación en la revista Proceso, quien a su vez cita la columna de Salvador García Soto en El Universal―, se ha reunido con el candidato de Por México al frente, junto con Claudio X. González Laporte, dueño de Kimberly Clark México; Jorge Larrea de Grupo Minera México; Eduardo Tricio de Grupo Lala y Alejandro Ramírez de Cinépolis, todos miembros del Consejo Mexicano de Negocios (CMN).

Estas juntas, las cuales reportan han sido en casa de Anaya, podrían estar detrás de la campaña que más recursos ha erogado, percibiendo 147.6 millones y gastando 141, cifra que representa ocho veces más de lo gastado por Obrador y lo doble respecto a Meade, esto de acuerdo con lo emitido por el INE.

De esta forma, queda claro que la clase empresarial ha apuntado hacia otro lado. Queda ver los movimientos que se estén fraguando al interior del Frente y así, lograr remontar la ventaja de 18 puntos que AMLO tiene sobre él sin que esto se vea envuelto en polémicas como caídas del sistema, quema de casillas y compra del voto.

Por: César J.G.

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