Fotogramas de realidad
Asia Argento, una de las pioneras del movimiento #MeToo, pasa de ser víctima a violadora.
A lo largo de esta semana se ha hecho viral el caso de un repartidor de la marca de pan Bimbo en la que, aprovechándose del descuido –y muy probablemente la edad― del dueño de la tienda, se mete a su chaleco varios productos, obviamente sin pagarlos, mientras todavía se pone a decirle una serie de alabanzas al anciano al recalcarle lo afortunado que es por ser un cliente frecuente y distinguido de tan grande empresa. Lo que el honrado hombre no sabía es que sus fechorías quedarían grabadas en una cámara.
Dicha grabación fermentó, cual levadura, y se expandió rápidamente en las redes sociales, iniciando así una persecución que terminó en el despido y la captura del repartidor de pan (puesto en libertad poco tiempo después). Respecto a esto, el presidente de Grupo Bimbo, Miguel Ángel Espinoza, se pronunció vía internet al asegurar que «A veces las personas fallamos, pero nuestra empresa es buena y estaremos ganando la confianza de todos nuestros clientes».
El tema encendió el enojo de los cibernautas pero también los dividió (como cualquier otro tema), pues mientras hubo quienes lincharon mediáticamente al ex repartidor por aprovecharse del señor de la tercera edad, también estuvieron quienes criticaban a estos últimos al «hacer un escándalo por unos pastelitos» en vez de salir a tomar las calles y «rebelarse en contra del gobierno por toda la serie de injusticias que le han hecho al pueblo durante años», como bien lo expresaba un comentario en Facebook.
Por supuesto, ambos tienen razón, sin embargo, lo que los últimos no parecen entender –y que irónicamente no sería raro que fueran los mismos defensores del lema «el cambio comienza por uno mismo»― es que la más grave injusticia nos daña de la misma forma que la más pequeña, pues seguramente los más grandes robos comienzan echándose tan sólo unos cuantos centavos en la bolsa…o en este caso alguno que otro panecillo.
Asimismo, gracias a este caso se supo que dicho repartidor también tuvo cargos por acosar sexualmente a una menor de edad, y todos sabemos que hoy en día el tema del acoso es uno de los más incendiarios y sondados, como le ha quedado claro a Asia Argento –una de las principales cabezas del movimiento #MeToo, quien después de muchos años tuvo el valor de hacerle frente a Harvey Weinstein y denunciar cómo este la violó cuando ella era demasiado joven.
Por desgracia el destino se ha vuelto en contra de la actriz, pues recientemente se supo que esta también violó a un menor de edad. Así, resulta que el también actor Jimmy Bennett denunció a la cineasta al asegurar que ella mantuvo relaciones sexuales con él cuando contaba con 17 años y ella con 37, sólo que no había hablado «por miedo a las consecuencias de que mi historia se hiciera pública».
Peor aún es el hecho de que el portal TMZ dio a conocer una serie de mensajes en los que Argento acepta haberse acostado con el entonces adolescente, aunque en ellos asegura que en aquel entonces «Tuve sexo con él y me sentí rara. No supe que era menor hasta que recibí la carta de chantaje» (un documento en el que el joven le pide cierta cantidad de dinero para mantener su silencio). Además, se puede leer otro en el que escribe que «el chico me saltó encima». Esto da a entender que efectivamente Asia mantuvo contacto sexual con un menor de edad, pero el hecho de que haya una extorsión de por medio retuerce aún más las cosas.
Lamentablemente esto significa un fuerte golpe contra el movimiento #MeToo, el cual ha ido tomando bastante fuerza en estos meses. Ahora, esa vitalidad se verá afectada si la actriz no recibe un castigo –aunque sea mínimo―, pues independientemente de que el sexo haya sido o no consensuado por Bennett, hubo estupro de por medio y, por ende, una violación, por lo que sería una incoherencia que este movimiento no castigue el delito contra el que están luchando.
Por Israel Yerena
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