La conformación de la Comisión de la Verdad parece ser la única carta por jugar en la gestión del tabasqueño.
La gran apuesta del gobierno de López Obrador es en materia de seguridad, en donde ha cambiado su pensar respecto a determinadas cuestiones.
Seguridad. Situación de tranquilidad pública y de libre
ejercicio de los derechos individuales, cuya
protección efectiva se encomienda
a las fuerzas del orden público.
Entre todas las propuestas de campaña que enunció Andrés Manuel López Obrador, sin duda una de las más polémicas y, en su caso, atractivas, fueron las que determinarían su actuar en materia de seguridad pública.
Foros de Pacificación, eliminar «usos y costumbres» en las Fuerzas Armadas para elegir a quienes lo acompañarán durante su gestión, eliminación del Estado Mayor Presidencial, creación de una Guardia Nacional, eliminación del Cisen y ―la mayor apuesta de todas― capacitación a policías locales para el posterior y progresivo regreso del Ejército y la Marina a los cuarteles.
En el transcurso de la semana, el tema de seguridad pública fue su némesis. Los puntos que atrajeron a votantes, que permitieron que sus electores seguros trataran de convencer a quienes estaban del lado de Meade, Anaya, del Bronco y hasta de Zavala u otros independientes, han sido un tema poco aplaudido a pesar de que aún no asume el poder.
Su primer error, a pocos días de haber sido nombrado por el INE como virtual ganador de la elección: nombró a Manuel Mondragón como asesor de la Secretaría de Gobernación en materia de seguridad. Criticado hasta el cansancio, Obrador pidió calma ante los señalamientos, puesto que solo fue designado como asesor y no tendría un cargo de consideración en esta ni otra dependencia.
Mondragón, cercano a Marcelo Ebrard, próximo canciller, fue encargado de la seguridad capitalina desde el 2008 y hasta el 2012. Posterior a ello, tomó protesta como Comisionado Nacional de Seguridad de Enrique Peña Nieto. Es decir, presenció en la función pública federal el inicio de la represión peñanietista el 1 de diciembre de 2012.
Los planes en términos de seguridad han ido abollándose poco a poco, pues los dichos en torno a los «usos y costumbres» de las fuerzas armadas cayeron en un bache del cual no se recuperarán.
En primera instancia, Obrador se reunió con Vidal Soberón y Salvador Cienfuegos a sugerencia de EPN; este hecho en sí no debería causar revuelo; sin embargo, su decisión de considerar la terna propuesta por los titulares de la SEDENA y la SEMAR, permitieron vislumbrar una incursión del gobierno saliente en las decisiones del Ejecutivo entrante.
Otro hecho singular tuvo lugar cuando, tras ese mismo encuentro, Obrador dijo, en términos ambiguos, que el Ejército y la Marina, seguirían en las calles, abriendo la posibilidad de que la capacitación a las policías estatales, podría no ser exitosa.
Ni los foros ni la capacitación, dos grandes apuestas de Obrador, estarían siendo viables para mermar la inseguridad en el país. Lo cual le da la razón a Javier Sicilia, al mencionar que este fenómeno social que atraviesa el país desde el gobierno de Felipe Calderón está siendo solucionado mediante una agenda y no de forma integral.
La mayor apuesta ahora es la creación de la Comisión de la Verdad, la cual Alejandro Encinas ha adoptado como una afrenta no solo por la situación en la que se encuentra el país, sino también como un acto de congruencia ideológica. Desde la Subsecretaría de Derechos Humanos, dependiente de la Secretaría de Gobernación, el experredista tendrá la responsabilidad de esclarecer los «casos enigmáticos» de la injusticia mexicana.
Así, este nuevo milenio en México no terminaría por ofrecer una gama amplia de mandatarios interesados en lo que consideran, es el pilar de nuestro país: Fox, el presidente de la alternancia política; Calderón, el presidente del empleo; Peña Nieto, el presidente de la educación y Obrador, el presidente de la seguridad.
Por César J.G.
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