¡Roletazo Político!
Pese a la violencia porril que azotó al alumnado en CU, el rector de la UNAM no se pronunció a tiempo.
El roletazo político de esta semana apunta directamente hacia el despacho Enrique Graue Wiechers, rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien durante la semana pasada fue duro blanco de quejas, críticas y hasta peticiones (de renuncia), de parte de la comunidad universitaria, por su tardío posicionamiento ante las brutales agresiones de las que fueron objetos estudiantes del CCH Azcapotzalco, a manos de los grupos porriles.
Precisamente el primer strike-out para el encargado velar por la Máxima Casa de Estudios, llegó a temprana hora, pues muy a pesar de que el azote de los porros ― de los grupos 3 de Marzo (CCH Vallejo), Federación Estudiantil (CCH Naucalpan), 31 Azcapo (CCH Azcapotzalco), entre otros― se suscitó justo cuando los alumnos ingresaban a la periferia de Rectoría, ¡el punto céntrico de la Ciudad Universitaria! sin que el equipo de seguridad de la UNAM moviera un pelo para controlar, desde su ingreso al campus, a la horda violenta que tenía por meta moler a palos quien estuviera en el sitio de la protesta.
Segundo out. A pesar de que el grave ataque al alumnado se suscitó alrededor de las 14:00 horas del lunes 3 de septiembre, y que desde ese día la población pudo enterarse de los hechos mediante fotografías y videos que se difundieron en Facebook y Twitter, fue hasta casi el mediodía del martes 4 que se convocó a medios de comunicación para dar voz al posicionamiento de Enrique Graue sobre las medidas que la UNAM emprendería.
Sin embargo, a las 13:25 horas tal convocatoria se canceló y, en su lugar, informaron que el mensaje se entregaría en un escrito, mismo que llegó hasta las 18:41 horas y en el que no se abundó en algo distinto a lo que ya se conoce, tanto de los grupos porriles, como de las medidas «rigurosas» que la UNAM acostumbra emprender en estos casos.
El ponche que está por venir. La falta de atención y movilización de la autoridad rectora de la Universidad, encabezada por Enrique Graue, dejó un saldo de, al menos, 3 heridos de gravedad y diez lesionados ―entre ellos Joel Meza García, alumno de Estudios Latinoamericanos, quien casi pierde un riñón por los golpes recibidos―.
Maximizó la movilización de aproximadamente 30 mil estudiantes, quienes se plantaron frente a la Rectoría para extender su pliego petitorio que incluye, además de la eliminación de los grupos porriles: la no represalia física o académica contra cualquier estudiante que haya manifestado; que el alumnado tenga conocimiento previo del historial profesional de docentes que se postulen a cargos directivos, así como que la autoridad respete y no intervenga en las expresiones políticas y culturales de la comunidad estudiantil.
Sin embargo, el gran pulmón de la protesta y el puño arriba de toda la comunidad estudiantil ha hecho sonar la mayor de las solicitudes: que Graue renuncie a la rectoría de la UNAM. El gran ponche se aproxima.
De extra inning: La intervención tan salvaje de los grupos porriles trajo a mi mente el recuerdo de una charla que tuve con un profesor, quien estudiaba en el Politécnico en 1968, sobre un aparato de choque religioso y «anticomunista» denominado Movimiento Universitario de Renovadora Orientación (MURO), quienes llegaban a reventar mítines organizados por guindas y auriazules: «Los compañeros de la UNAM tenían más experiencia en la organización de asambleas y marchas. Ellos eran los que nos advertían “¡Ahí vienen los del MURO, cuidado porque llegan soltando madrazos!”».
Por: Edgardo V.L
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