Y los seguiremos buscando
Y los seguiremos buscando. Foto: Publimetro

La Plaza del Ajolote.

Y retiemble en sus centros la tierra.

—Y retiemble en sus centros la tierra— pienso en esa estrofa del Himno Nacional cuando escucho a lo lejos los reclamos de una sociedad, encabezada por los familiares de 43 estudiantes «desaparecidos», en busca de justicia, una multitud amarrada de pies y manos para acceder a la justicia, mientras el jefe del Ejecutivo se divierte (en un sketch) con uno de los youtubers más influyentes del momento.

Siempre pensé que enmarcar toda una administración fallida en un solo acto es —y debería ser— una tarea difícil, no solo por elegir un hecho que represente seis años de gobierno, un único acontecimiento que desencadene una serie de actividades capaces de opacar todo lo realizado durante el sexenio y al mismo tiempo, heredar los reclamos y la esperanza de justicia al próximo gobierno.

Han sido ya cuatro años de exigencias, pero sobre todo, cuatro años de luchar contra una «verdad histórica» que nadie (a nivel gubernamental) quiere desmentir, hacerlo significaría echar atrás los trabajos federales para sostener una versión tropezada desde sus inicios, cambiante y manoseada a favor de los intereses del Estado, en el que lo único prohibido —al parecer—, es reconocer la mala actuación del presidente Enrique Peña Nieto para manejar el tema y evitar que los hechos sucedieran.

Cuatro años de recorrer el país en busca de justicia, de alimentar las calles de la Ciudad de México con pisadas cargadas de llanto, huellas de dolor y sangre que se pierde entre las lluvias y la negligencia de una administración que jamás podrá quitarse el estigma de Ayotzinapa. Aunque los abusos de las fuerzas castrenses sean más y el dinero público desviado, resulte a veces incalculable.

Escucho las consignas y las peticiones de renuncia ahogadas entre llanto de impunidad  —la tristeza ya quedó atrás, mientras se regresaba a los hogares después de buscar por todo el país a sus familiares—. Y es cierto, la tierra retumba bajó mis pies, mas no Al sonoro rugir del cañón. No, se cimbra por los miles de pies que avanzan hacia el sueño llamado justicia, sin caer en las falsas promesas y los «cheques en blanco»: son millones de pasos sin fe ciega que exigirán año con año (lamentablemente) se les diga cuál es el paradero de los cientos de miles de desaparecidos en México.

Así se recordará por muchos el sexenio de Peña Nieto, pero no para los familiares de las víctimas, para ellos se convertirá en la administración que utilizó todos los recursos a su alcance para impedir dar con el paradero de los normalistas. Un gobierno plagado de compadrazgos intocables y funcionarios cansados de hacer su trabajo, incapaces de rehacer la investigación del caso y aclarar la enorme cantidad de inconsistencias que empantanaron los expedientes oficiales.

Los gritos se apagan, las multitudes se diluyen y comienza un año más de espera y duelo, con la esperanza propia de los inicios sexenales; bajo la promesa de atender a las víctimas, de reabrir carpetas y expedientes de investigación; con «perdón sí, olvido no», cuando lo que se exige es justicia y verdad, pero sobre todo, erradicar la incertidumbre de saber si él o tú regresarán salvos a casa.

Es bueno entonces que el presidente Peña tenga tiempo para divertirse, para relajarse y hacer un poco de humor después de seis años de trabajo. No se preocupe, nosotros seguimos buscando a los desaparecidos, acompañamos a las víctimas, a los familiares y nos cuidamos de la delincuencia y los malos funcionarios públicos.

Mientras la oscuridad consume a la capital y el barroco se oculta tras las sombras de una ciudad en llanto, veo a miles de mexicanos abandonar la lucha —solo por hoy— y es inevitable pensar: ojala lleguen con bien a casa.

Por: Xólotl

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