«Soy animalero y amo a los perros… Los políticos no cuentan»
Por Ernesto Jiménez
Porque nunca puede faltar un pretexto para hacer una fiesta, tomar un par de guitarras y compartir unos buenos tragos de tequila, pero, además, porque celebrar 1 700 conciertos de ninguna manera es una tarea fácil, una vez más, el Lunario del Auditorio Nacional le abrirá las puertas a Armando Palomas, quizá (aunque el quizá esté de más) una de las voces con mayor autorización para hablar del rock mexicano.
«En un momento de ocio, me di cuenta de que tuve mi primer show en 1993, por el que recibí la cantidad de 150 pesos».
Desde ese momento, asegura Armando Jiménez Veloz, mejor conocido como Armando Palomas, comenzó a recordar historias, tocadas, fiestas y momentos que lo llevaron a componer tantas canciones que hoy marcan uno de los repertorios más vastos dentro de los cancioneros mexicanos.
Aunque hace muchos años el Palomas se comió al Jiménez, «aún guardo un espacio en mi corazón y un sitio físico donde sí existe un Armando Jiménez que es un poquito diferente al Palomas. «Cualquier monstruo debe tener un poquito de paz, donde puede estar planeando el nuevo asalto o el nuevo homicidio».
Sus letras, irónicas y burlescas como la cultura mexicana, pero también eróticas y llenas de excitación (no solo sexual) que parecen desnudar al autor, han acompañado a diversas generaciones de mexicanos, pero siempre en ese bajo mundo del rockanroll en México, donde los nombres son apenas susurrados en fiestas (a veces) clandestinas, esos nombres que se pasan «como los tacos, como la gripa, como la tos, como los besos, de boca en boca».
Así ha sido la carrera de Armando Palomas, quien desde hace ya 27 años confiesa no practicar otra actividad que no sea cantar, componer, estar en un escenario o en un estudio de grabación:
«Pero dejando esa parte tan fría, la música se ha convertido en esa droga favorita y especial que me hace sentir vivo; se ha convertido en un espejo donde me he dado el lujo de engordar, de envejecer, de cometer un montón de estupideces y me he dado el lujo de convertir esas estupideces en canciones».
Desde luego, 27 años como cancionero —porque la palabra cantautor se le hace muy mamona y muy grande— permitieron la creación de un repertorio en donde caben casi todos los temas, excepto el amor, «pero el amor de pareja, cursi. No se me da, aunque lo he intentado, no le puedo cantar al amor». Sin embargo, existe otro tema que aún escapa de sus letras: «le he cantado a todo, menos a mis mascotas. Soy animalero y amo a los perros… Los políticos no cuentan».
«Para mí no es trascendente ser el artista que México requiere»
Al Palomas —apodo que adquirió de su gusto por echar palomazos— le tocó la transición de la distribución análoga de la música a la digital, aún recuerda cuando se hacían largas filas «como las de las tortillas» para recibir su casete, recién grabado, «calientito» y firmado por Armando Palomas, algo que lo llevó a consolidar una carrera «grandiosamente modesta», alejada de los grandes medios de comunicación, pero que lo ha retribuido con un público (cada vez más grande) selecto, admirador, no solo de sus canciones, también de sus letras, de su sinceridad, de esa forma de encarar la vida muy a su estilo.

«La vida es solamente una autopista en la que me he dedicado a vivir sin pagar cuota»
Sin embargo, siempre debajo del escenario se encuentra Armando Jiménez, «Palomas es hasta cierto punto inofensivo, pero Jiménez es peor, se mete en muchos problemas porque soy una persona muy congruente y eso suele ser peligroso. He pasado por infinidad de cosas que digo “¡ay güey!”, porque mi lengua es bastante libre, pero arriba del escenario, a veces los mismos aplausos me callan, pero en la vida real le tengo más miedo al Jiménez».
«Quiero estar vivo para seguir haciendo más canciones. Eso es lo que sigue»
Aún con esas limitantes que el monstruo le impone, Armando Palomas se dice contento y emocionado por ser parte de este cambio que vive el país «donde ya no nos chingó ni el PRI ni el PAN», además de recordar la congruencia que lo ha acompañado en casi tres décadas del cancionero Que chingue a su madre Televisa y Tv Azteca.
Podríamos recordar (jamás resumir) la trayectoria de Armando Palomas a través de sus letras, quizá con una canción de madrugada, en la que se toque el último blues, entre tú y la borracha noche o hasta el fondo del zaguán, en medio de una serenata equivocada, exigiendo que se muera el rock y (por qué no) también el pop, contando una cholo story o robándole unos besos al fracaso, apestados a ese olor a tanjarina.
Pese a ser un adicto a la música y al tequila, ninguno de estos le robaría el lugar a una mujer en un viaje personal con el maestro (llamado así por muchos) Armando Palomas.
El concierto 1 700 de Armando Palomas se celebrará en el Lunario del Auditorio Nacional
La cita es el próximo viernes 1 de marzo
Los invitados:
Rubén Albarrán (Café Tacvba)
Jaime López, Piro Pendas (Ritmo Peligroso)
José Cruz (Real de Catorce)
Lalo Gameros (Caballo Dorado)
El Muñeco (Nana Pancha)
Chino (Los Victorios)
Frino (La Mula de Sietes)
Además de litros y litros de tequila
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