Del narcotráfico al huachicol

México pasó de ser un país violento por el tráfico de drogas a serlo por el robo de combustible.

Los cárteles comenzaron a enfocarse en la ordeña a ductos de Pemex; la droga dejó de ser su principal móvil.

El presidente Andrés Manuel López Obrador informó en su conferencia matutina que el robo de combustible se redujo en un 94 por ciento desde el pasado primero de abril; cuatro meses nos separan de aquella fecha y pareciera que no hay interés por realizar o divulgar nuevos informes con números actuales que permitan dar cuenta de la estrategia y, por supuesto, de los resultados que la lucha de este sexenio se ha planteado.

Desde el pasado 18 de enero ―día en que una toma clandestina explotó en Tlahuelilpan, Hidalgo, causando la muerte de 137 personas y lesiones en ocho más― no se registraba una fuga como la presenciada el día de ayer en el municipio de Nextlalpan, en el Estado de México.

La tragedia sucedida en Hidalgo a principios de año dejó enseñanzas a las autoridades, las cuales se movilizaron en esta ocasión para evacuar a 3 mil familias mientras la fuga se controlaba y se realizaban trabajos para remendar el ducto perforado.

La gasolina y el gas al igual que los estupefacientes se convirtieron ya en parte de un delito, no obstante a comparación de la droga, la venta de combustible robado es tan redituable y poco castigado que pobladores y comuneros se ven en la necesidad de recurrir a él para obtener recursos que les permitan vivir.

El aspaviento en torno al combustible robado se ha vuelto tan frenético que incluso la población opta por defender a los líderes huachicoleros de las autoridades. Esto tiene como consecuencia varios enfrentamientos que solo vuelven la relación fuerzas del orden-civiles aún más compleja y con pocas aristas por las cuales reconstruirla.

El robo de hidrocarburos no es exclusivo de este sexenio y no lo será en varios más, hasta que las estructuras y engranajes de Pemex se modifiquen y se recupere el potencial productivo de la paraestatal. En tanto, queda dar alternativas a los pobladores de las distintas regiones en donde el robo de hidrocarburos tiene alta incidencia.

Pero, si no es el robo de combustibles es el narcotráfico el mal que aqueja a las distintas regiones del país, problema del que López Obrador habló hoy en su conferencia matutina, desde donde abrió la posibilidad para legalizar la mariguana, que es uno de los estupefacientes más traficados y uno de los motivos por los que las organizaciones criminales disputan zonas de comercio.

La exministra y ahora secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero habló al respecto hace ya varios meses y comentó que «urge regularla». De hecho, como senadora en noviembre pasado, impulsó una iniciativa que permite dar el primer paso.

Uno de los conflictos es que muy probablemente la mariguana deje de ser motivo de tráfico, pero le siguen el resto de estupefacientes: cocaína y heroína, las dos de alto consumo en México y Estados Unidos. Una segunda problemática es que la clase política está acostumbrada a legislar «al vapor», es decir, de malas y mal.

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