En 1992, cuando la capital fue «distinguida» como la urbe más contaminada del mundo por las Naciones Unidas, se usaban comparaciones con el número de cigarros que sus habitantes «fumaban» al respirar el aire de la metrópoli para alertar del tamaño del problema. Los contaminantes se asocian a 9.600 muertes cada año en la zona metropolitana del Valle de México, según el Instituto Nacional de Salud Pública.
De acuerdo con un estudio de 2016 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tanto Barcelona como la Ciudad de México se sitúan en un nivel medio de contaminación por partículas. Por ello, ambas ciudades decidieron sumar esfuerzos ante esta situación y, a través del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona, junto con el gobierno capitalino, presentaron una herramienta que difundirá diariamente un pronóstico de calidad del aire por ozono en la urbe, a través de la actualización de la aplicación móvil Aire CDMX.
Marc Guevara, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra del Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS) comentó, en rueda de prensa, que la capital mexicana y Barcelona «comparten el problema global de la contaminación del aire urbano», aunque se debe reconocer que existen ciudades asiáticas cuya contaminación es mucho peor.
Con el objetivo de lograr la reducción de contaminantes, el BSC-CNS instaló el sistema de la modelización de la calidad del aire, compuesto por un modelo meteorológico. Dicho sistema, consigue un pronóstico que revela cuál será la calidad del aire en la capital mexicana y su área metropolitana en las próximas 24 horas. Otra de las funciones de este pronóstico es concienciar a la población sobre su propio impacto ambiental.
El experto señaló que modelizar la calidad del aire es una tarea «muy compleja», que implica resolver la física meteorológica que afecta la contaminación atmosférica (temperatura, radiación solar, vientos), las actividades humanas o animales que generan contaminantes primarios, así como la química atmosférica.
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