TRUMP, SU BIPOLARIDAD Y EL DEDAZO

Son poco más de 110 días de que Donald Trump asumió la silla presidencial del país más poderoso del mundo, los daños ya no se pueden contar con los dedos de las manos. Sin embargo, no solo la población estadounidense resiente sus esquizofrenias.

Como presidente de los Estados Unidos, Trump pareciera más preocupado por tener sus dos pulgares en un par de botones, uno de ellos, lo llevó a la presidencia: el que da la opción de «publicar» en Twitter; uno más, el más peligroso, que se dio como consecuencia del primero: el botón de las armas que posee su gobierno.

Por ello es que padecen en Siria los ataques con Tomahawk o con misiles intercontinentales. La coalición internacional que también conforma Estados Unidos no castiga las acciones deliberadas de este país por miedo a desatar la ira de Trump.

Por otro lado, los migrantes han visto truncados sus sueños por tener una vida mejor, escondiéndose de la policía, de los agentes fronterizos, quienes hacen valer las leyes y las políticas proteccionistas implementadas por este gobierno, que hace parecer que los muros no son suficientes para frenar el flujo migratorio.

No solo los «enemigos de Trump» se han visto perjudicados por sus decisiones, muchos de sus amigos han caído, consecuencia de su bipolaridad, pedantería y soberbia. Es así que cinco funcionarios, cuatro de ellos, miembros de su gabinete, han sido destituidos en los primeros meses de mandato.

Casi al cierre de esta edición, recibimos la noticia de que el señor Trump había destituido al director del FBI, James Comey. Cuando uno revisa la labor del ahora exdirector de una de las agencias de inteligencia más eficientes del mundo, se da cuenta de que su dedicación y casi devoción derivaron en el hecho de que, durante su campaña electoral, realizó una investigación para sacar a la luz los correos con los que se le acusaba a Hillary Clinton de esconder mails de relevancia nacional, mismo, que de acuerdo con especialistas, le costó la candidatura.

Todo el numerito deriva de que James Comey hizo declaraciones al respecto en el Congreso de Estados Unidos, por lo que la agencia de inteligencia ordenó corregir su testimonio sobre los correos de la asistente de Hillary Clinton.

¿Acaso Trump habrá visto esto como una traición?

Bueno, esto únicamente deja ver la poca mecha que tiene el mandatario estadounidense, sin embargo, uno ya no sabe qué esperar de su plan de gobierno, pues esto deja ver que todos y cada uno de sus secuaces de campaña, no son parte de un proyecto, sino pequeños robots que se dejan guiar por una actitud poco permisible y muy persuasiva.

Tal parece que entonces James Comey se une a la lista que ya comparten Sally Yates , ex fiscal general, Steven Bannon, exconsejero de Seguridad; Vivek Murthy secretario de Salud nacional y Preet Bharara, fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York.

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