El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se reunieron para recordar la más grande deportación de judíos que tuvo lugar durante la Segunda Guerra Mundial, cuando 13,000 judíos fueron encerrados en un velódromo de París para, posteriormente, ser deportados a campos de concentración en el este de Europa.
Ahí, Macron señaló que su gobierno se encuentra en la mayor disposición de colaborar en los esfuerzos diplomáticos para llegar a un acuerdo de paz en Medio Oriente, señalando que Israel y Palestina deben «vivir uno al lado del otro con fronteras seguras y reconocidas, con Jerusalén como capital».
Sin embargo, aseguró que, para que ese proceso pueda llevarse a cabo, «las condiciones de la negociación y de la paz deben ser cuestionadas en los hechos y que el derecho internacional sea respetado por todos, pienso en particular en las construcciones en las colonias que continúan».
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