Las delegaciones Iztacalco, Gustavo A. Madero, Coyoacán y Cuajimalpa han sido testigo de cómo se han manchado con violencia distintos actos de proselitismo del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
El caso más sonado fue el que se presentó el pasado miércoles 3 de enero en Coyoacán, donde las agresiones se salieron de control y una simpatizante de Claudia Sheinbaum perdió el conocimiento y, posteriormente, la vida. De inmediato el partido fundado por Andrés Manuel López Obrador interpuso dos demandas penales por lesiones, disturbios y tentativa de homicidio.
Los morenistas culpan al PRD de boicotear las presentaciones de Sheinbaum con el propósito de que la exelegada no llegue al puesto que actualmente ocupa Miguel Ángel Mancera Espinosa. Porque prácticamente todas las encuestas preliminares dan a la precandidata como la favorita en las elecciones del próximo año.
Sí, más allá del conflicto que se le presentó con el caso del Colegio Rébsamen, la extitular de la delegación Tlalpan se ha mantenido entre la intención de voto de la mayoría de los capitalinos. Si bien en un principio parecía que esta tragedia se la llevaría entre las olas, Claudia supo enderezar el rumbo y agarrar un bote salvavidas que la mantuviera a flote. Ahora, con esa tormenta superada, el obstáculo parece ser a «guerra sucia» que sus oponentes le quieren jugar.
La morenista fue clara y señaló a Mauricio Toledo Gutiérrez, diputado perredista, de orquestar el plan que fue ejecutado el 3 de enero. Sillas, palos y piedras volaron por el aire esa tarde en Coyoacán, incluso un reportero de La Jornada –solo por estar grabando los incidentes– fue agredido sin deberla ni temerla.
Al día siguiente Sheinbaum le mandó un mensaje a Mancera y le pidió garantizar la seguridad de los capitalinos, a lo que este salió con un sutil mensaje: «no seremos tapadera de nadie». Poco después, el jefe de gobierno exhortó a los partidos a firmar un «pacto de civilidad» entre los partidos, mismo que la exdelegada se negó a secundar argumentando que éste es un principio básico de civilidad y que los responsables deben de ser castigados como lo marca la ley; por aquello del borrón y cuenta nueva.
La sociedad –tan a la defensiva hoy en día– no está para este tipo de escenas que hemos visto en los actos citados. Porque la polarización de las actitudes y acciones en tiempos electorales –si bien son más que comunes– nunca han sido buena consejera.
Lo que Sheinbaum tiene a favor es su temple de acero. Porque la morenista, quien de alguna manera busca replicar lo que AMLO hizo durante su administración en la capital, ha demostrado que sus nervios están calmos y que no se dejará mover tan fácilmente. Sin embargo, las autoridades no deben de permitir más imágenes como las que hemos visto. Porque ya se perdió una vida y no es cosa menor.
Ahora, la versión del autosabotaje también ronda y no es para descartarla. Así de maquiavélica puede ser la política mexicana.
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