Es mitad de semana y los panistas o ex militantes, como el caso de Javier Lozano, han dado mucho de qué hablar, pues el inicio fue marcado por Javier Corral, gobernador de Chihuahua, quien formuló unos finos dimes y diretes con nuestro copetudo preferido, Enrique Peña Nieto.
El round comenzó con la denuncia que hizo Corral, cuando acusó a la Secretaría de Hacienda de querer estrangular la economía del estado como represalia por la investigación por peculado que se sigue contra Alejandro Gutiérrez, exsecretario general adjunto del PRI, además de la situación de su compatriota y exgobernador César Duarte, quien continúa prófugo.
Dicha denuncia se basa en el supuesto incumplimiento de la entrega de 700 millones de pesos, pactados con el gobierno de Chihuahua el 14 de diciembre. Pero fue hasta el 4 de enero cuando Corral se reunió en el Palacio Nacional con José Antonio González Anaya, secretario de Hacienda; Miguel Messmacher, subsecretario de Ingresos; el procurador fiscal Max Diener y también el señor Isaac Gamboa Lozano, titular de la Unidad de Política y Control Presupuestario, reunión donde el gobernador de Chihuahua fue informado que la investigación por peculado que la Fiscalía que su estado lleva a cabo ,«pone en entredicho el mecanismo de transferencia de recursos, razón por la cual han tomado la determinación de incumplir de modo unilateral la entrega de los recursos».
¿Javier Corral hizo una tormenta en un vaso de agua?
Cada quien sacará su conclusión, sin embargo esto todavía no acaba, ya que Corral llamó a una conferencia de prensa, respaldando la denuncia que había realizado. En su defensa, el subsecretario Miguel Messmacher afirmó que entregaron los recursos en tiempo y forma, resaltando que existieron transferencias extras.
Por su parte, Peña Nieto dijo que lo que él recogió de la conferencia de prensa fue «un acto político y auténticamente cargado de signo partidario; entonces, ante quien hace un acto partidario, pues el presidente de la República simplemente se conducirá con su vocación democrática, con absoluta imparcialidad y apegado estrictamente a derecho».
A partir de aquí comenzaron a salir los priistas, pues posteriormente saltó su adorado precandidato, que si bien no es militante del PRI se nota el cariño mutuo que se tienen, Pepe Meade, quien calificó a Corral como un «gobernador que tortura y que miente…» reforzando el discurso que se le entregaron mil millones de pesos adicionales a su presupuesto.
Ni a quién irle…
Pero al parecer no solo ellos se le fueron encima, pues el presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Ramírez Marín, mencionó que Corral «resultó ser el mismo pandillero político de siempre, un vival que se aprovechó de la buena fe de un funcionario que lo trato como gobernador».
Al parecer le salió «el tiro por la culata», como dirían, pues esté en lo cierto o no, Corral en vez de recibir apoyos solo ha obtenido diversas críticas de distintos funcionarios y hasta lo culpan de tortura psicológica al privarle de sus derechos en la prisión a Alejandro Gutiérrez, quien es acusado de operar en un desvío de recursos públicos hacia campañas del PRI en 2017…
Para no perder la costumbre, ¿o no?
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