El destino los juntó y ahora la política los separa un poco. Enrique Peña Nieto y Migue Ángel Osorio Chong se conocieron forjaron su amistad por caprichos del alfabeto, cuando el primero era gobernador del Estado de México y el segundo de Hidalgo. Pues al acudir a las reuniones de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) se sentaban uno junto a otro.
De esos primeros encuentros entre «gobers» se dio la futura relación presidente-secretario de gobernación. Porque Miguel Ángel acompañó a Enrique desde la campaña rumbo a Los Pinos, cuando el oriundo de la entidad mexiquense se la pasaba firmando ante notario público compromisos que parece se quedarán en promesas.
Una vez consumado el triunfo, Peña Nieto lo nombró titular de la Segob. Osorio Chong no lo defraudó. El priista de origen chino le respondió a priista de origen mexiquense en todo momento y sacó la cara en los momentos difíciles durante su estancia como secretario de gobernación.
Sin embargo, a Osorio Chong se le critica el tema de la seguridad. Basta recordar su comparecencia en San Lázaro con motivo del quinto informe de gobierno, donde panistas, perredistas y morenistas prepararon un auténtico fusilamiento contra el nacido en Hidalgo.
Temas como Emilio Lozoya, es director de Pemex; el financiamiento ilícito en campaña; Grupo Higa; y Odebrecht fueron los «balazos» más frecuentes contra el funcionario en ese desafortunado 27 de octubre del 2016.
Un legislador panista le cuestionó severamente el rezago en materia de seguridad, a lo que el entonces secretario inteligentemente se lavó las manos al revirar, palabras más palabras menos, que el tricolor hacía lo que podía para limpiar el cochinero que Felipe Calderón había dejado con su guerra contra el narco. Para finalizar argumentó que no es lo mismo ser gobierno que ser oposición.
Cabe recordar que Osorio Chong fue uno de los candidatos que el tricolor manejaba en su baraja de cara al 2018, pero ya todos abemos que el «ganón» fue Meade. Ahora se prevé que el PRI lo postule como senador en Hidalgo.
De esta forma el priista de andar cansado, ojos rasgados, mirada cansada y «entrega comprometida» entregó cuentas y partió con rumbo al senado con la intención de pescar fuero tras el ruido que pueda generar el asunto llamado Manlio Fabio Beltrones. Se llama precaución.







