Los rastros que dejó la erupción del Vesubio aún siguen sorprendiendo a los arqueólogos.
El Parque Arqueológico de Pompeya estrenó nuevos artículos descubiertos en las construcciones de túneles.
A propósito de la erupción del volcán Kilauea en Hawai, recordamos el más reciente hallazgo que dejó una de las catástrofes naturales más recordadas y de mayor importancia en la historia mundial.
La ciudad de Pompeya, en la antigua Roma, se vio sepultada por la furia del Vesubio en el año 79 de la era cristiana, sin embargo, pese a la tragedia, la forma y rapidez con la que miles de personas, animales y viviendas fueron sepultados, han sido un regalo para la arqueología mundial, aún casi dos milenios después.
En este sentido, el día de ayer, el director del Parque Arqueológico de Pompeya, Massimo Ossana, dio a conocer el último descubrimiento relacionado con la erupción en Pompeya: varias habitaciones pertenecientes a una gran villa, mismas que se lograron conservar de manera «excepcional», en ellas se encontraron vasijas, ánforas, restos de una cama de madera y diversos utensilios de cocina pertenecientes al año 79 d.C.
Los restos fueron encontrados cuando las autoridades investigaban algunos túneles construidos por los «tombaroli» o ladrones de restos arqueológicos. Sin embargo, el hallazgo más impresionante fue la recuperación de un equino, a que algunos expertos han considerado como de suma importancia, debido a las características físicas de éste, las cuales difieren de los ejemplares de la época: es más grande que los caballos de la época, pero más pequeño que los actuales, lo que significaría que fue criado con cuidados especiales.
Con 1.5 metros de altura y las patas trasera «aparentemente» manipuladas, el caballo fue hallado en lo que parece ser un estable, se encontró recostado sobre su costado izquierdo; junto a él, había algunos artefactos de hierro y bronce, además, por la posición geográfica en la cual fue descubierto, se presume podría pertenecer a un personaje de alto linaje, o bien, con un poder económico importante.
La técnica utilizada está basada en rellenar con yeso el espacio vació que dejaron los restos orgánicos sepultados bajo la lava, lo cual se convierte en un molde perfecto de lo que se encontró ahí al momento de la erupción del Vesubio.
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