La parte más confidencial en el proceso de escritura de un autor es, tal vez, el borrador original. Ese en el que se ponen, quitan y cambian de lugar palabras y frases con la intención de potenciarlas al máximo, de encontrarles el mejor lugar para lucir. Pues dos manuscritos de este tipo de Cien años de soledad se encuentran en Madrid en busca de dueño.
Resulta que Gabriel García Márquez regaló estas dos «joyas» por allá de 1967: una a su esposa Janet Riesenfld y la otra al cineasta Alcoriza. Y con motivo de los 50 años de la publicación de este libro, se espera que surja un admirador –y millonario– de la buena literatura que se quiera adueñar de ellas por un millón de euros.
Estas pruebas de imprenta están corregidas a mano y autografiadas por el escritor colombiano. La vez pasada que se realizó una subasta para encontrarles dueño, no hubo ningún comprador en el 2001 y 2002. Cabe mencionar que el borrador que salió de la máquina de escribir de Gabo fue destruido por él y su esposa.
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