Con 256 votos a favor y 164 en contra se aprobó y ahora será enviada al Senado.
Esta nueva ley permitirá actividades como la revisión de correos electrónicos sin el permiso de sus dueños.
En Estados Unidos, la privacidad pronto pasará a segundo plano cuando de la seguridad nacional de trate. Al menos eso es lo que están evidenciando en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en donde se aprobó un proyecto de ley con el que se pretende prolongar el programa de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), todo esto sin la inclusión de las limitaciones propuestas por un grupo de demócratas y republicanos.
Esta ley autoriza a las agencias de espionaje estadounidenses, como la NSA, interceptar las comunicaciones fuera del país norteamericano. La renovación de esta controvertida Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA, por sus siglas en inglés) fue aprobada por 256 votos a favor y 164 en contra, y se señala que su objetivo es vigilar a sospechosos terroristas fuera de las fronteras de Estados Unidos.
Los legisladores estuvieron trabajando durante un año en esfuerzos para imponer nuevos límites de privacidad significativos a este programa de vigilancia sin autorización de la NSA, aunque no fueron aprobados por la Cámara baja.
La FISA Sección 702, que expiraba el próximo 19 de enero, se trata de una legislación que continuaría siendo secreta si no fuera porque fue desvelada por Edward Snowden, exempleado de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA, por sus siglas en inglés), quien sacudió el mundo con sus revelaciones.
Conforme a Snowden, las agencias de Inteligencia norteamericanas no solo espiaban a los extranjeros sino también a los ciudadanos estadounidenses so pretexto de evitar posibles ataques o sabotajes en EE.UU. Los grupos de derechos humanos cargaron tajantemente contra estas medidas.
La legislación aún tiene que pasar por el Senado, pero muy pocos legisladores de la Cámara Alta se han manifestado a favor de cambios importantes a la ley, por lo que la votación probablemente sea el final efectivo de un debate sobre la tecnología de vigilancia y los derechos de privacidad que estalló en 2013 tras las filtraciones del contratista de inteligencia Edward Snowden.
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