La Canarinha sobrevive al orden táctico de los Samuráis Azules en Houston; los pupilos de Carlo Ancelotti avanzan a los Octavos de Final.
El pentacampeón del mundo apeló a los hilos invisibles de su jerarquía histórica para firmar un escape de antología en territorio tejano. Este lunes 29 de junio de 2026, la Selección de Brasil selló su clasificación a los Octavos de Final de la Copa del Mundo tras derrotar dramáticamente 2-1 a Japón en el Estadio de Houston.

Vía: FB @FIFA World Cup
El compromiso, correspondiente a la ronda de dieciseisavos de final, coqueteaba de forma inminente con la prórroga tras los zarpazos previos de Kaishu Sano y Casemiro. Sin embargo, en el último suspiro del tiempo de compensación, la pizarra estratégica de Carlo Ancelotti cobró dividendos cuando el atacante del Arsenal, Gabriel Martinelli, destrabó el cerrojo asiático para mantener intacto el sueño sudamericano de bordar la sexta estrella en su escudo.
La primera mitad se transformó en un auténtico dolor de cabeza para el planteamiento sudamericano debido a la lucidez intelectual de Hajime Moriyasu. El estratega nipón diseñó una línea de cinco defensores en fase de contención que mutaba de forma camaleónica a un tridente contragolpista cada vez que sus extremos explotaban los carriles. La escuadra de la Confederación Brasileña de Fútbol monopolizaba la posesión de la pelota bajo la batuta de Bruno Guimarães y Matheus Cunha, pero carecía de profundidad por las bandas ante los dobletes de marca que asfixiaban a Vinicius Jr.
El exceso de confianza de la zaga amazónica cobró factura en los linderos del área chica. La gran sorpresa llegó al minuto 29 con el gol de Kaishu Sano. Danilo se equivocó con un trazo errado que Sano recuperó con eficacia y llevó la pelota hasta los linderos del área de Alisson. Fue aquí donde finalmente fulminó al arquero del Liverpool con un elegante y bien colocado disparo que perforó las redes de Brasil.

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La rebelión de Casemiro y el cerrojo de Suzuki
Herida en el orgullo, la escuadra sudamericana reajustó sus filas de cara al periodo complementario. Al minuto 53, Japón coqueteó con el milagro en la línea de gol tras repeler de forma consecutiva un testarazo de Vinicius y un contrarremate de Daichi Kamada. No obstante, el asedio carioca rompió la resistencia tres minutos más tarde: al 56, el zaguero Gabriel Magalhães colgó un centro templado al corazón del área para que Casemiro, con un flemático e incontestable cabezazo, decretara el 1-1 en el tablero.

Vía: FB @Confederação Brasileira de Futebol
A partir de la igualdad, el partido ingresó en una fase física y sumamente trabada, salpicada por un remate con la parte externa de Vinicius Jr. que se estrelló de manera dramática en la horquilla del guardameta Zion Suzuki. Las alarmas se encendieron en el banquillo amazónico debido a que el propio Casemiro debió abandonar el terreno de juego por una visible molestia muscular en el cierre de los 90 minutos reglamentarios.
El rugido de Martinelli en el descuento
Cuando los tiempos extras parecían inevitables, la pillería ofensiva de la Verdeamarela sentenció la eliminatoria. Al minuto 90+6′, Bruno Guimarães filtró un pase quirúrgico entre los centrales de la escuadra asiática, permitiendo que Gabriel Martinelli controlara con perfil cambiado y sacara un rudo disparo cruzado para firmar el 2-1 definitivo.

Vía: FB @FIFA World Cup
Con este resultado, Japón se despide de la justa mundialista tras haber enamorado a los aficionados con su pulcritud táctica. Por su parte, la Brasil de Ancelotti se instala en los Octavos de Final y aguarda al vencedor de la serie entre Noruega y Costa de Marfil para definir su próximo destino en la Copa del Mundo.

Vía: IG @sigoaltri.mx
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