Diagnóstico: Disfunción institucional
Diagnóstico: Disfunción institucional

«Amenaza a los ciudadanos con perder sus derechos y ganarás las elecciones», dicen…

Con el propósito de ganar adeptos, el PRI recuerda a los ciudadanos que las instituciones le pertenecen a su organización política y no a los mexicanos.

A raíz del spot lanzado por el Partido Institucional Revolucionario (PRI), México ha sido diagnosticado con disfunción institucional, un padecimiento que se caracteriza por la dificultad para mantener el funcionamiento transparente y democrático de las instituciones. Este mal es más común a medida que un partido político en el poder envejece; no obstante, cabe destacar que la disfunción no es característica natural del desarrollo de la política y el ejercicio gubernamental en las naciones.

Por cinismo, algunas organizaciones políticas prefieren evadir el tema ante los especialistas y aseguran que sus instituciones ―por más viejas y obsoletas― siguen satisfaciendo los deseos de los ciudadanos. Sin embargo, es necesario que se comuniquen cada uno de los síntomas que van desde la desigualdad, la discriminación, la corrupción, la impunidad, entre otros, para que, democráticamente, se encuentre el tratamiento específico.

Asimismo, el que una nación padezca estos síntomas puede significar que sus niveles de impunidad están elevados, lo que indicaría una grave lesión en los derechos ciudadanos, dando paso a situaciones como la desaparición forzada y los altos índices de inseguridad, asesinatos y feminicidios.

Si el paciente no se atiene al tratamiento puntal, los síntomas seguirán aumentando y agudizando las lesiones en cada uno de los estados multiculturales que conforman a la nación.

Para muchos países, la solución ha sido sencilla: tomar una pastillita de cambio real en la manera de hacer política, ejercitar más las neuronas en la toma de decisiones, descentralizar el poder y la riqueza, y dejar de fumar de la ilegalidad.

Por otro lado, los ciudadanos deben estar conscientes de que las instituciones les pertenecen, pues salvaguardan derechos básicos como el de la vivienda y la educación; en ese sentido, el paciente debe recordarle a sus partidos políticos que no deben apropiarse de ellas, pues la salud de una nación no debería estar sometida a la participación ciudadana en todas y cada una de las elecciones.

 

Mimí Kitamura

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