Una crisis de seguridad y violencia se manifiesta en la entidad, tal vez la más grave en su historia y las estrategias para detenerla deterioran no ayuda, por el contrario perjudican el bienestar de la sociedad. Entre el auge de los huachicoleros, asaltos y asesinatos, Puebla está perdiendo su imagen de un sitio seguro.
La incidencia de delitos de alto impacto en el primer trimestre de este año es la mayor en comparación con años anteriores, de acuerdo con estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Nuestro país ha rebasado sus máximos históricos durante este sexenio, la administración de Peña Nieto ha sumado más muertos que la de Felipe Calderón, quien le declaró la guerra al crimen organizado.
Pero las causas son muchas, la lucha entre grupos de la delincuencia organizada se suma a la debilidad, incompetencia y corrupción de las autoridades. Todas estas razones se han sumado para hacer de este el peor inicio de año para el país, incluyendo el estado camotero.
En marzo del presente año se recordará que fue el mes en donde se llegó a la mayor cifra de homicidios dolosos alcanzada desde junio de 2011, indica el Reporte Sobre Delitos de Alto Impacto elaborado por el Observatorio Nacional Ciudadano (ONC). Uno de los delitos que más se elevó este año, es el homicidio tanto doloso como culposo.
El homicidio doloso se caracteriza porque el criminal busca intencionalmente terminar con la vida de otra persona, bajo estas circunstancias el delincuente es culpable, incluso si no logra su cometido. En contraste, si una persona provoca la muerte de otro por una acción negligente, se cataloga como homicidio culposo o involuntario.
El ONC estudió más de 2 mil carpetas de investigación por homicidio doloso solo en marzo de 2017; en los resultados se determinó que más de 1,294 de estos casos se perpetuaron con arma de fuego, 268 con armas blancas –navaja, cuchillo o cualquier objeto punzocortante–, 410 con algún otro medio y 48 más no se determinaron.
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