FIL Azcapotzalco, oportunidad de ingresos y ahorros para los ciudadanos
FIL Azcapotzalco, oportunidad de ingresos y ahorros para los ciudadanos

La Feria Internacional del Libro de Azcapotzalco ofreció libros desde los 5 hasta los 500 pesos.

Durante 10 días, libreros, comerciantes y lectores llenaron y vaciaron sus bolsillos con las grandes ofertas que presentó la FIL Azcapotzalco.

Entre un olor a vainilla rancia desprendido por las hojas de los llamados «libros de viejo», los asistentes a la novena Feria Internacional del Libro de Azcapotzalco (FIL) disfrutaron, del 9 al 18 de marzo, diversas actividades entre lecturas y presentaciones especiales en la explanada delegacional pero, sobre todo, de muchos, pero muchos precios bajos y ofertas que no se encuentran en ningún otro evento como este.

Desde hace nueve años, la FIL de Azcapotzalco se ha caracterizado por ser una de las más baratas, pues los costos que manejan los diversos libreros y editoriales independientes que acuden a este evento van desde los 5 hasta los 3 x 10 pesos, e incluso a otros precios más elevados que pueden ascender hasta los 500, entre cuentos, novelas e incluso artículos de divulgación. Es por esto que uno de los grandes logros de esta feria es llevar la cultura y la lectura a los ciudadanos tan sólo por unas cuantas monedas.

«Para leer en libertad»: cultura a precios bajos

En gran parte, esta oferta se debe a la brigada «Para leer en libertad», pues, como Eduardo Castillo Villegas ―miembro de esta iniciativa― comparte a Hoy Novedades, «la idea de esta brigada es ofrecer libros a bajo precio, que el dinero no sea obstáculo para que las personas tengan acceso a buena literatura», por lo que, incluso, llegan a regalar diversos ejemplares a lo largo de esta semana.

Cabe mencionar que esta brigada ha organizado las actividades de la FIL ininterrumpidamente durante sus casi 10 años de existencia, desde que propusieron esta idea a la delegación.

«Observamos que hacia el sur (de la ciudad) hay mucha oferta cultural, en el Centro ni qué decir, pero aquí en el norte no hay mucha, así que pensamos en extenderla hacia esta zona para que la gente también pueda disfrutar de la lectura», asegura el brigadista.

De igual manera, informa que esta es una feria muy económica para todo mundo, pues además de recibir bastante apoyo por parte de la delegación, al no cobrarles renta de suelo a los expositores, asegura que la recuperación económica que la brigada obtiene de los participantes es mínima en comparación con lo que se les cobra en otras FIL, por lo cual, la mayoría de las ganancias que los vendedores obtienen van directamente a sus bolsillos y no a los de terceros.

«Precisamente para que podamos dar precios bajos, nosotros sólo les cobramos la recuperación de la inversión, es decir, sólo lo que se necesita para poder instalarnos, tales como lo son carpas y mantas, de ahí en fuera todo lo pone la delegación», dijo Castillo Villegas.

Y es que esta feria del libro, aunque pequeña, también se caracteriza por los artistas que han sido partícipes en sus inauguraciones y clausuras, como las de este año, cuyo show de inicio se llevó a cabo por parte de Susana Zavaleta; mientras que hace un par de años, la clausura corrió a cargo de Real de Catorce. Por supuesto, «Para leer en libertad» hace énfasis en que todo este tipo de gastos corren a cargo de la delegación, pues tanto la contratación de los artistas y sus viáticos, incluyendo el hospedaje ―ya que incluso hay grupos y organizaciones que vienen de otros países como invitados― son costeados por la demarcación.

Libreros y editores aprovechan para vender joyas de 10 pesos

Respecto al gasto y la inversión que hacen los libreros, comentan a este medio que la FIL de Azcapotzalco representa una gran oportunidad para ellos, tal como lo menciona Felipe Matías, profesor de preparatoria que en sus ratos libres se dedica a la compra y venta de libros desde hace 20 años, por supuesto, siendo ante todo un voraz lector.

Matías comparte que lleva ya cuatro años participando como vendedor en la FIL Azcapotzalco, y asegura que la principal característica de este evento son los precios accesibles que se manejan, pues la gran diversidad que presentan los títulos permiten que cualquier tipo de lector ―desde los iniciados hasta los más curtidos― encuentren libros diversos a un precio por demás bajo.

«En mi experiencia en esta feria, me he encontrado con gente que se lleva un libro de 10 a un precio que en librería ronda los 200 o 300 pesos, e incluso hay quienes han corrido con la suerte de comprar libros con valor de 2 mil que, si bien se escucha caro, no lo es tanto al saber que en otros locales esos mismos libros llegan a tener un valor de más de 8 mil pesos. Esta sería la firma de la brigada: la promoción de la lectura a partir de dar precios accesibles», comentó Felipe.

En cuanto a la ganancia que esto les genera a ellos como vendedores, el librero asegura que el hecho de que no se cobre renta de suelo les ayuda mucho, pues lo que recuperan es todo para ellos y no a un pago hacia la FIL.

«Como librero, la inversión y ganancias que tenemos es relativo, nosotros podemos comprar una biblioteca desde los 20 mil pesos hasta los 60 mil, o incluso una mínima de hasta 7 mil pesos. De estas cantidades, las ganancias que nosotros obtenemos van desde un 30 hasta un 40 por ciento por sobre la inversión. En este caso, podría decirse que la FIL de Azcapo nos deja un aproximado de 7 o 9 mil pesos de ganancia neta en sus 10 días de duración, tomando en cuenta que nuestra venta puede ir de los 700 a los mil pesos diarios».

Hay otros casos como los de Óscar Álvarez, editor y comerciante independiente de libros, en los que la venta es un poco mejor, pues asegura que hoy en día es bastante difícil encontrar un espacio en el cual promocionarse desde el área editorial, así que eventos como la FIL de Azcapo son una gran oportunidad para ello, además, claro, de resaltar que «comercialmente sí es negocio».

En cuanto a la renta de espacio, asegura que si bien esto es gratis, la aportación económica que se realiza a los organizadores (en este caso «Para leer en libertad») «es mínima a comparación de cualquier otra feria, esto genera que nuestras utilidades al final del evento estén prácticamente completas», declara Álvarez. Y aunque nos cuenta que la FIL de Azcapo les pide un pago de mil pesos en total por estos 10 días, asegura que este gasto no es nada en comparación con otros lugares como la Feria del Libro del Palacio de Minería, donde le han llegado a cobrar hasta 14 mil pesos por un espacio.

Asimismo, informa que este tipo de ferias son una gran oportunidad para los autores independientes, para ello pone de ejemplo a su propia editorial llamada Alebrijez, cuya inversión puede ser aproximadamente de 6 mil por un tiraje de 100 libros, de los cuales él les regala el diseño y la corrección de estilo a los escritores para que ellos sólo paguen la impresión, de esta forma, ambas partes recuperan lo invertido (más las ganancias) en prácticamente tres eventos como éste.

En cuanto a las ganancias que la FIL de Azcapo le deja, tanto a su editorial como a los autores que publican en ella, Álvarez menciona que «en un mal día vendemos seis libros, estamos hablando de 600 pesos, pero en un buen día o promedio, nos llevamos alrededor de 3 mil pesos».

Entre libros y artesanías, la FIL apoya la economía familiar

La Feria del libro de Azcapotzalco también es una gran oportunidad para los comerciantes locales e incluso para la economía de bastantes familias, quienes aprovechan este evento para tener un ingreso extra en sus hogares.

Este es el caso de Gerardo Gasca y Nora Cedillo, un matrimonio que ha encontrado en la FIL de Azcapo una oportunidad para explotar sus habilidades en el alambrismo y el bricolaje, técnicas que, según comenta el señor Gasca, comenzaron por ser un hobbie para ellos, pero terminaron por convertirse en una forma más de llevar dinero a su familia.

Por supuesto, es de todos sabido que, en estos tiempos, la tecnología prácticamente supera cualquier pasatiempo, sobre todo cuando de ver películas o de estar frente al celular se trata, así que tanto Gerardo como Nora decidieron sacar provecho de esto y mezclarlo con sus productos artesanales, pues mediante la técnica del tallado en madera como lo es el bricolaje, se decidieron por fabricar y vender curiosos portacelulares fabricados mediante este método.

Y aunque mencionan que si bien esta no es su fuente principal de ingresos, la ganancia que obtienen suele ayudarles bastante en su economía, ya que Nora menciona que, en un día en el que les vaya bien, la venta que llega a ser de mil pesos. Es por esto que su trabajo es un ejemplo de que un simple gusto personal puede convertirse en una buena fuente económica y, para demostrarlo, Gerardo dice que si bien gasta en diversos materiales tales como lijas, tintas, alambres y madera de pino, una inversión de 2 mil se convierte en una ganancia de 6 mil pesos.

Otro es el caso de la alfarera Gabriela Estrada, quien trabaja con barro para fabricar sus artesanías. Ella informa a Hoy Novedades que para elaborar una sola pieza ―fabricadas directamente en horno de piedra desde Tlaxcala― el proceso puede tardar aproximadamente 20 días, pero que entre todo su equipo cada quincena realizan entre 300 y 400 obras. Ahora bien, la artesana estima que su inversión en la FIL de Azcapo ascendería a unos 2 mil o 3 mil pesos, de los cuales recupera cerca del 50 por ciento más de lo invertido.

Sin embargo, también hace énfasis en que para recuperar algo del dinero que gasta para fabricar estos objetos de barro, necesita que éstos no presenten alguna raspadura o fractura, lo cual es muy difícil de lograr y por ello pide a la gente tomar todo esto en cuenta al momento de pagar un trabajo así, pues aunque son precios bajos los que ella maneja, «es el precio justo porque es lo que consideramos que vale nuestro trabajo».

Si bien para los artesanos y emprendedores la FIL de Azcapo significa una buena oportunidad para ganar algo de dinero, para los lectores también es un motivo de ahorro más que de gasto, pues es por demás sabido para cualquier persona que guste de leer, que cuando se asiste a este tipo de eventos hay que ir preparado físicamente para caminar o estar de pie durante horas, en busca de ese título que se ha estado cazando durante mucho tiempo, así como mentalizarse porque la cartera terminará más delgada y los bolsillos con menos peso.

Afortunadamente, y como lo menciona la brigada «Para leer en libertad», esta feria del libro se caracteriza por sus precios bajos, algo que no sólo comentan ellos, sino los mismos comelibros, tales como Ana Marisol Reséndiz Pizarro, de 34 años de edad y licenciada en Filosofía, quien nos dice que, de los 10 días de la feria, asistió a cuatro de ellos, en los que compró 20 libros ―entre novelas y obras clásicas― gastando un total de 300 pesos.

De igual forma, la joven de 22 años, Rosa María Valdez, asistió nueve de los 10 días a la FIL, en donde encontró cinco libros que había estado buscando durante mucho tiempo, gastando un total de 300 pesos (aunque dijo estar dispuesta a llegar a un máximo de 500).

Alfonso Martínez, de 27 años de edad, quien decidió asistir a la FIL el último día de ésta, aseguró que a pocos minutos de haber llegado ya había comprado tres libros por un total de 30 pesos, mientras que en otros eventos de este tipo y, por esta misma cantidad de obras, ha gastado cerca de mil.

Sin duda alguna, aunque pequeña y relativamente joven, la Feria Internacional del Libro de Azcapotzalco es un ejemplo de que el conocimiento, la cultura y la economía no tienen motivo para estar peleados, sino todo lo contrario, ya que pueden ir de la mano para hacer de una persona un lector, y de ese lector, un mejor ser humano…eso sí, un mejor ser humano con unas cuantas monedas en la bolsa aún y con el gran montón de libros que lleva cargando.

Israel Yerena

HOY NOVEDADES/CDMX