Ginóbili y la miope cultura del exitismo
Ginóbili y la miope cultura del exitismo. Foto: Especial

Orgía Deportiva.

El argentino anunció su retiro el 27 de agosto y el sábado pasado dio una gran lección en su comparecencia ante los medios de comunicación.

De los 41 años que tiene Emmanuel Ginóbili, 23 de ellos los ha dedicado al basquetbol profesional. Es decir, más de la mitad de su vida ha tenido al deporte como una de sus máximas prioridades. Hasta que de pronto el «flaco alto de nariz prominente» se dio cuenta de que tal vez la temporada anterior sería la última de su carrera, sin embargo, no lo hizo público, asegura, por si al regresar de vacaciones aún sentía la fuerza física, pero sobre todo mental, para volver a las duelas.

El argentino se reportó con los San Antonio Spurs para encarar su campaña número 17, pero de pronto contrastó sus malestares físicos de la temporada pasada con el ímpetu de los jóvenes que se partían «el lomo» para estar a punto. Así fue como el argentino decidió, de a poco, que era el momento del adiós. Entonces pasaron los días y Ginóbili hizo el anuncio vía Twitter. La forma de hacerlo, valiéndose de una vía tan fría e impersonal como una red social, a través ni siquiera de un video sino de un mensaje redactado con celular, no habla de un deportista distante o frío con su público como pudiera pensarse, sino de un tipo humilde que no encontró mejor forma para manifestar su esencia natural, sin poses ni reflectores.

Ginóbili bien pudo montar una conferencia de prensa y tener centenares de medios de comunicación y la atención de todo el mundo deportivo. Sin embargo, el oriundo de Bahía Blanca optó por hacerlo en menos de 300 caracteres. «No se imaginan la tensión que pasé frente a la computadora antes de apretar “Enter”», escribió en una columna publicada posteriormente en La Nación. Pero en algún momento Manu debía confrontar a los medios cara a cara.

Esto fue el pasado sábado y al ser cuestionado sobre si le faltó algún sueño por cumplir, él respondió: «Absolutamente nada. Sí, podría haber ganado algún  campeonato más, podría haber ganado un mundial, una liga nacional en Argentina o lo que sea… pero ¿qué cambiaba? Una estrellita más en el currículum. Totalmente irrelevante, lo más importante ni siquiera son los campeonatos, lo más importante son las historias, las experiencias, los amigos, el aprendizaje de los buenos momentos y de los malos momentos».

Semejante respuesta, lanzada con tan brutal honestidad, le asestó un golpe a la sociedad y la opinión pública que constantemente señalan o, peor aún, atacan a ciertos deportistas por no ganar algún título en específico durante su carrera. Demeritar por no conseguir un trofeo o una medalla y no saber reconocer el esfuerzo, la dedicación, las horas de entrenamiento y sacrificios personales es fácil. Medir únicamente una trayectoria por los logros obtenidos es una forma estéril y simplista de hacerlo, reconozcamos y veamos más allá.

Ginóbili obtuvo una medalla de oro con Argentina, un campeonato de la Euroliga con el Virtus Bolonia y cuatro anillos de la NBA con los Spurs, pero aseguró que de no haber ganado esto, «no hubiese cambiado tanto» su parecer ni el balance que habría de su carrera como basquetbolista profesional. Centrar la mirada en las vitrinas no es siempre la mejor opción, a final de cuentas la vida deportiva se esfuma pronto y solo queda la etiqueta de ser humano, esa que, como demostró el «flaco alto de nariz prominente», sabe que los títulos solo sirven para aumentar el ego.

Por: Gustavo «El Displicente»

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