Hace mucho tiempo que la figura del político se ha visto degradada por sus propios actos. Ya en la historia reciente de México tenemos varios ejemplos de personajes que han asumido cargos públicos a costa de hacerse los chistosos o atrevidos, y con ello, ganarse más el aplauso de la gente que el respeto.
Presidentes, diputados, senadores, gobernadores, todos han incurrido en faltas y ocurrencias por lo que los recordamos. Como primer ejemplo pondremos a José López Portillo, presidente de México desde 1976 y hasta 1982. Fue él quien dijo ante el Congreso de la Unión que iba a «defender al peso como perro» mientras soltó unas lágrimas. Acto seguido el precio de la moneda mexicana cayó más del 72 por ciento y con ello, cayeron las burlas.
Ni hablar de Carlos Salinas de Gortari, cuya fisionomía se hizo notable por sus prominentes orejas, un cuero cabelludo casi sin cabello y una voz con cadencia particular, de ahí que las primeras máscaras satíricas de políticos sean protagonizadas con su rostro. Tras él, llega Ernesto Zedillo, quien durante su campaña para la Presidencia en 1994 le respondió a un artesano chiapaneco «No traigo cash» cuando este se acercó a ofrecerle un producto realizado con sus propias manos.
Luego llegó Vicente Fox, el primero de todos los políticos que llegó a la Presidencia ofreciendo además de la alternancia partidista, una serie de frases retadoras que permanecen hasta la fecha en la colectividad. A él también se le hace responsable de que la figura del presidente se degradara hasta el punto de aparecer en los programas del comediante Eugenio Derbez en Televisa.
Ya en aquel entonces figuraba AMLO, aunque en su caso la burla era hacia su acento tropical. Ahora lo citamos mediante las frases y actitudes que adoptó principalmente en su tercera carrera por la Presidencia.
Tras Fox llegó Felipe Calderón y con él, vieron la luz políticos como Juanito y Gerardo Fernández Noroña, este último, protagonizando un señalamiento en contra del presidente por su presunto alcoholismo. El problema con la bebida, es motivo para recordar al presidente oriundo de Michoacán hasta la fecha. En el caso de Noroña, es risible por su atropellada manera de criticar y hablar.
Luego Enrique Peña Nieto, quien no se cansó de regalarnos momentos difíciles de olvidar durante su campaña que consistieron más en carencias culturales y de sentido común que en defectos físicos o de lenguaje.
Llegamos al final del conteo y encontramos a un par de regios. El primero de ellos es el gobernador de Nuevo León, Jaime «El Bronco» Rodríguez Calderón, quien nos hizo sentir pena por su peculiar forma de pronunciarse en torno a la obesidad y del mismo Santa Claus. Con él llega el Senador neoleonés, Samuel García, a quien los mismos regios han criticado por su forma de hablar, sin embargo, en él lo risible es su manera de hacerse notar.
Si exigimos cambios estructurales en las formas políticas, debemos aprender a no votar por quienes nos resultan los más graciosos o los más simpáticos, pues con eso no se gobierna.
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