Una ola de denuncias ha llegado a las redes sociales tras los primeros esbozos de hace unos días, en los que usuarias comenzaron a narrar situaciones en las que hombres trataron de secuestrarlas en las instalaciones del metro o cerca de él.
El poco sentido común de los funcionarios públicos encargados de la seguridad de la ciudadanía los hizo, el día de ayer, abordar el metro para «verificar la seguridad». A su paso todos los agentes de la Policía Bancaria e Industrial (PBI) seguramente se cuadraron e hicieron como que cumplían con sus funciones, sin embargo quienes viajamos en el gusano naranja recurrentemente, sabemos que cuando nadie los vigila, son parte del problema.
Muchos hemos sido testigos de cómo hay ocasiones en las que los mismos policías indican a los asaltantes a quién y cómo robar. ¿Cuál es su recompensa? ¿Será acaso un celular al día a cambio de impunidad? Tratándose de delitos, el robo es el «mejor» o «menor» del que puedes ser víctima, puesto que hechos que muy probablemente se realizan desde hace varios años han cobrado auge y han encendido las alarmas de las autoridades.
Las medidas que han intentado implementar, no obstante, son las de siempre. Solicitan a las víctimas, que son en su gran mayoría mujeres, que identifiquen al agresor y den aviso a las autoridades que estarán vigilando, a partir del surgimiento de esta problemática, las instalaciones del metro y alrededores.
Esto nos lleva nuevamente al cuerpo policiaco de nueva cuenta. Se ha documentado por las mismas usuarias que los policías cuestionan ¿Qué podríamos hacer nosotros? ¿Cómo vamos a identificarlo(s)? Una autoridad no puede ni debe ser quien realice dichos cuestionamientos a una ciudadana que ha visto en peligro su integridad.
Esto ha llevado a que las mujeres busquen alternativas para defenderse en caso de que algún agresor intente llevárselas por la fuerza. Desde golpes en regiones del cuerpo específicas y hasta gritos complementan esta estrategia, a ello se suma el acercamiento que como persona agredida puedas tener con gente que transite de cerca.
El margen de maniobra de las autoridades se ha quedado corto ante la emergencia que representan estos hechos y al parecer, aún no dimensionan el grave problema de seguridad que atraviesa la capital mexicana. La alerta de género debería volverse una política a implementarse sin duda en la Ciudad de México.
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