Recorte presupuestal: si no es a la buena, es a la mala
Recorte presupuestal: si no es a la buena, es a la mala

El presidente Andrés Manuel López Obrador dijo desde campaña que los presupuestos en cada rubro disminuirían considerablemente. Los medios replicamos la palabra «austeridad» hasta el cansancio y jamás alguien reparó en detectar cuáles eran las situaciones que implicaría la aplicación de esta forma de gobierno.

La corrupción, bajo nuestra suposición en torno al pensar de AMLO, se da en los presupuestos abultados. Podría ser resultado de el «mira cuánto dinero, no creo que se den cuenta si falta un poco». Broma o no, el tabasqueño optó por dotar a las distintas dependencias montos lánguidos con lo que los millones de pesos robados cada año, pasen a ser miles.

Mientras en el Congreso los morenistas alzan la mano cuando se pregunta quiénes votaron para una asignación del presupuesto compatible y acorde a la política de austeridad propuesta por el jefe del Ejecutivo, creyendo que ese podría ser el acto de graduación de la institución política que los apadrina, están equivocados, puesto que han adquirido una responsabilidad que los señala como partícipes de despidos injustificados en distintas instancias del Gobierno.

En otros tiempos, no muy lejanos, se creía que si alguien trabajaba en el Gobierno tenía la vida resuelta: salario fijo o con aumentos cada año, bonos sexenales, prestaciones, aguinaldo sustancioso, etcétera. Ahora, la dinámica ha sido sustituida por un cúmulo de despidos que son justificados mediante el presupuesto. Ante ello, Lorenzo Córdova, consejero presidente del INE ya ha dicho que se trata de una medida irresponsable del nuevo gobierno y nosotros agregaríamos que lo es y sin embargo, aún no se vislumbran los alcances de estas nuevas medidas tomadas.

Bajo el dicho popular «es mejor que sobre y no que falte», las dependencias mandaron su cartita a Obrador con el presupuesto que requieren para el ejercicio de 2019, pero olvidaron las palabras del tabasqueño en campaña y peor aún, sufrieron amnesia ante el hecho de que tanto el Ejecutivo como el Legislativo son entes morenistas por decir lo menos, obradoristas por decir lo más.

Si las dependencias se pusieron apenas una casaca de austeridad, Obrador y sus seguidores los han obligado a vestir completamente como su equipo. Van solo 25 días de Gobierno y la función pública ya detesta este nuevo y austero sexenio.

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