A pesar de la xenofobia del presidente gringo Donald Trump, la celebración anual del Cinco de mayo sí se llevó a cabo en la Casa Blanca, a pesar de que él no quiso estar presente y delegó en su vicepresidente, Mike Pence, el intento de acercarse a la comunidad latina en esa simbólica fiesta.
Trump no rompió del todo con la tradición de festejar el Cinco de Mayo en la Casa Blanca, iniciada por George W. Bush en 2001 y celebrada cada año desde entonces para celebrar los lazos con México y los aportes de la comunidad hispana; aunque esta ocasión se rebajó considerablemente el perfil de la recepción, celebrada en un edificio contiguo a la Casa Blanca, y con pocos invitados.
Hace un año, Obama celebró su último Cinco de mayo con un concierto del grupo mexicano Maná y una barra libre de margaritas, Pence recibió a un centenar de invitados que comía tacos en miniatura mientras escuchaba a un trío musical poco conocido y bebía vino o cerveza, eso sí, de marca mexicana.
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