Los recientes incidentes presentados en Venezuela no pasaron por alto para el gobierno federal de nuestro país, quien ya se pronunció sobre este lamentable hecho. Esto sucede pese a las declaraciones que hizo hace unos días el presidente de aquel país, Nicolás Maduro, sobre que Enrique Peña Nieto era el «orquestador» de lo que él considera una intervención en los asuntos internos de su nación por parte de la Organización de Estados Americanos (OEA).
El gobierno de mexicano expresó su rechazo a los hechos de violencia registrados en los últimos días en la República Bolivariana de Venezuela y que, entre otros, causaron daños a instalaciones públicas y oficinas del gobernador Henrique Capriles. Las autoridades de nuestro país demostraron una buena dosis de sentido común al declararse solidarias con este hecho, y extender la mano al país sudamericano. Además, están altamente conscientes de que no es momento de abrir otra disputa bilateral y menos porque la crisis que atraviesan los venezolanos no es una nimiedad. El problema es de fondo y no se ven soluciones a la mano. Desafortunadamente van para largo.
En un comunicado, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) resaltó que México hace un nuevo llamado a todas las partes para que se abstengan de recurrir a la violencia o la provocación y resuelvan sus diferencias por medios pacíficos. Destaca, además, la importancia de lograr en el corto plazo un acuerdo político nacional que permita a los venezolanos recuperar la normalidad democrática en el país.
Ante esta situación –y las palabras de solidaridad del copetudo (EPN) sobre los atentados en iglesias egipcias que dejaron 47 muertos y decenas de heridos–, nos queda el cuestionamiento lógico de por qué no se pronunció de la misma forma con el pueblo sirio tras el ataque químico que se presentó en su territorio hace unos días.
Pues la respuesta es sencilla pero en el fondo no lo es. El asunto en Siria, originado por un gobierno represor, tiene muchos intereses tanto locales como globales. Esta guerra involucra asuntos locales políticos pero también religiosos; así como exteriores, igualmente políticos y de interés «extractor». Estados Unidos está más que interesado en ayudar –por no decir intervenir– en este conflicto cívico-bélico.
El botón de muestra de lo anterior son los recientes ataques militares del Tío Sam en Siria, donde se dice que los gringos notificaron a los Rusos sobre este bombardeo, por lo que los soldados rusos que estaban en el lugar pudieron salir antes de tiempo. Pero no es de extrañarse que el niño con nuevo juguete –Trump con la presidencia– entre en berrinche senil e inicie las fricciones con su contraparte rusa, Vladimir Putin.
Todo este ajedrez internacional ubicado principalmente del otro lado del charco hace que el copetudo no diga ni hello –bueno, hola, porque de inglés poco o nada– sobre estos actos con tintes de tercera guerra mundial que se suceden en suelo sirio. Sobre todo si nuestro gran amigo norteño está presente.
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