Mucho antes de que Michael Myers, Freddy Krueger o Jason Voorhees sembraran el terror en el cine slasher de los años 80, ya un personaje había sentado las bases de este subgénero y además, reveló que era posible hacer cine de calidad con escaso presupuesto.
Cara de Cuero (Leatherface), el asesino de la película La Masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre) había desatado en 1974 el terror en las salas de cine con una propuesta cinematográfica salida de la mente de Tobe Hooper; en esta cinta, Hooper demostró que era posible llevar el terror un paso más allá, inspirándose en las noticias sobre asesinos seriales como Ed Gein.
Siendo esta su tercera película, Hooper mostró una capacidad sin igual para retratar la angustia y el terror en las víctimas de los asesinos de manera cruenta pero certera, y además demostró que, a pesar de contar con un presupuesto reducido, se podía narrar una historia terrorífica siempre y cuando hubiera un villano memorable.
Luego de esta película, el cineasta realizó Eaten Alive, en donde narraba la historia de un hombre que alimentaba a un cocodrilo gigante con las víctimas que llegaban a su hotel. También incursionó en la televisión, principalmente con la miniserie Salem’s Lot (Los vampiros de Salem), basada en la novela de Stephen King. Se considera a la serie como la cumbre del género de terror en la pantalla chica por su combinación de las intrigas típicas de telenovela con la atmósfera gótica del cine de horror clásico.
Sin embargo, la obra que logró encumbrar a Hooper como uno de los directores más propositivos de su generación fue Poltergeist, una cinta en la que narra las vivencias paranormales de una familia que se muda a su nueva casa. El aporte de esta película fue que retomaba el sentido de la maravilla de Spielberg con algunos momentos genuinamente gores propios del realizador de La Matanza de Texas.
Con solo estas tres películas, Hooper logró ganarse un lugar en la historia del cine de terror, justo al lado de grandes nombres como Dario Argento, Wes Craven, Alfred Hitchcock o Tod Browning. No es que el resto de su filmografía sea prescindible, pero su herencia radica precisamente en esas cintas, en las que Tobe nos enseñó siempre que el terror más profundo radicaba en enfrentarnos cara a cara con los ambientes más sórdidos, siempre provenientes del subconsciente humano.
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