La cita para la sexta ronda de negociaciones del TLCAN es en Montreal, el próximo martes 23 de enero. Las cinco reuniones previas han estado tensas y con tres países que buscan el mejor de los dividendos para sus intereses, situación que, por supuesto, genera roces y puntos de vista disímiles.
Esto se ha atenuado con la presión mediática que genera el presidente estadounidense, quien se ha cansado de gritar a los cuatro vientos que buscará a toda costa abandonar el acuerdo si considera que las nuevas reglas no le favorecen. En este sentido se ha pronunciado por priorizar acuerdos bilaterales que le den mayor margen de maniobra, en vez de tener que seguir triangulando acuerdos que le resten autoridad.
La más reciente declaración de Trump nos habla de lo que todo mundo ya conoce: la necedad es su mayor virtud. Si bien aseveró que será «un poco flexible»porque habrá elecciones en nuestro país –si es un buen hombre «namás» que lo disimula muy bien–. Sin embargo, no dejó de hablar de su máximo sueño: el muro fronterizo. Aunque sigue empecinado en que, de alguna forma u otra, nosotros pagaremos el muro.
El magnate –aunque no lo parezca– tiene una embarrada de sentido común y es consciente de que la cosa se pone on fire cuando se vota en México, por lo que sabe que debe de aplacar un poco la fiera que lleva dentro para dejar a los vecinos pobres del sur organizarse y elegir a su nuevo presi. Esto para, ya sabiendo con quien negociar, ahora sí atacar duro y a la cabeza.
Con Trump no se sabe, por lo cual la ministra de Relaciones Exteriores canadiense ya mandó el mensaje para Los Pinos: el gringo puede hacer lo que quiera cuando quiera. Y no porque tenga la razón sino porque o se juega a su modo o se lleva el balón. Esta incertidumbre mantiene al peso expuesto, flaquea porque los inversionistas no saben ni para dónde correr.
Expertos en el tema señalan que, con base en lo que establece la constitución estadounidense, el Congreso tiene la potestad de «regular el comercio con países extranjeros». Por lo que tirar el TLCAN por completo puede ser algo casi imposible para Trump.
De esta forma los apartados del acuerdo internacional que pudieran pasar al olvido podrán subsanarse como casi todos los males, es decir, con el tiempo. Analistas fijan un lapso de dos años difíciles para recuperarse del mazazo, pero los cuales no provocarían una crisis económica en México.
Durante esos 24 meses los políticos mexicanos podrían ejecutar el plan b que ya tienen o en el que deben estar trabajando. Cabe recordar que acuerdos comerciales de este tipo llevan su tiempo, por ejemplo, el multicitado TLCAN entró en vigor en 1994 después de casi tres años de estira y afloja entre los tres países.
Así que no queda de otra y si el TLCAN se nos cae, México tendrá que cantarle al acuerdo con sus dos vecinos del norte el «viví sin conocerte, puedo vivir sin ti».







