El Paseo de la Reforma se transforma en el epicentro de un descontrol absoluto y una fiesta de seis horas; la jefa de Gobierno, Clara Brugada, reporta saturación total y activa sedes alternas.
La histórica victoria de la Selección Mexicana no solo rompió un maleficio deportivo de 40 años sobre el césped del Estadio Azteca, sino que desató la mayor movilización civil y festiva que se haya registrado en los anales de la capital de la República. Este miércoles 1 de julio de 2026, Avenida Paseo de la Reforma y el Monumento a la Independencia amanecieron bajo los efectos de una resaca monumental tras albergar a más de un millón de aficionados, quienes abarrotaron un corredor de cinco kilómetros para festejar el triunfo de 2-0 ante Ecuador.
Vía: @El_Universal_Mx
El veredicto de los dieciseisavos de final transformó el primer cuadro de la Ciudad de México en un auténtico torbellino de algarabía, superando con creces el récord previo de 800 mil almas congregadas durante esta misma Copa del Mundo tras el juego ante Chequia.
Vía: X @ClaraBrugadaM
La marea esmeralda comenzó a inundar las inmediaciones de la “victoria alada” desde tempranas horas del martes, desafiando los pronósticos de tormenta eléctrica y el retraso de una hora en el silbatazo inicial. Pese a las restricciones de la Ley Seca, el ingenio popular se apoderó del espacio público: los fanáticos colgaron piñatas de los semáforos, organizaron danzas prehispánicas sobre los camellones y abarrotaron la icónica vialidad porfiriana con banderas tricolores, sombreros de ala ancha y réplicas de los elotes y esquites en forma de llavero que se volvieron la estampa del torneo. Ante el desborde absoluto del perímetro que conecta el Zócalo con la Puerta de los Leones en Chapultepec, la jefa de Gobierno, Clara Brugada, quien presenció el cotejo en el Parque Tezozómoc de Azcapotzalco al lado de la presidenta Claudia Sheinbaum, emitió un mensaje de alerta en plataformas digitales para mitigar el taponamiento vial.
Vía: X @ClaraBrugadaM
Derrama popular, espumas y diversidad en la Zona Rosa
La fiesta por el ansiado boleto a Octavos de Final borró cualquier atisbo de distinción social, unificando a la fanaticada entre el lodo de los camellones y las latas de espuma que estallaron con los goles de Julián Quiñones y Raúl Jiménez. El festejo nocturno activó una economía informal que inyectó millones de pesos directo al bolsillo local a través de la venta de impermeables, brochetas y gises patrios. Asimismo, el desborde de júbilo conectó de manera orgánica con las calles de la vecina Zona Rosa, donde la bandera nacional ondeó a la par de los estandartes del arcoíris en un ambiente de absoluto respeto y hermandad comunitaria que se prolongó hasta la madrugada.
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Con la mira puesta en el Coloso para el quinto juego
Tras una jornada extenuante de cantos de “Cielito Lindo” y “¡Sí se pudo!”, la fanaticada comenzó a desalojar los monumentos públicos con el orgullo de mantener el arco invicto a cargo del “Tala” Rangel. A sabiendas de que la quincena está corriendo, las huestes aztecas ya alistan los presupuestos y las playeras para el próximo domingo 5 de julio, fecha en la que el Tri disputará el auténtico “quinto partido” de este Mundial de 48 selecciones. El rival en turno apunta a ser la Selección de Inglaterra en la aduana del Estadio Azteca, un escenario tres veces mundialista donde las estadísticas históricas juegan a favor de la localía y donde el grito de guerra de “¿Y si sí?” promete volver a paralizar el corazón del país.
Vía: La Jornada
Información de medios
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