Con poco más de un mes de haber asumido el cargo como presidente, Donald Trump ha comenzado a mover las ruedas de un pesado tren que busca poner en marcha para «Volver a hacer grande a Estados Unidos» y, por ello, trae bajo su brazo un pergamino de «estrategias», entre las que figura la construcción de un muro fronterizo con México; su petición de un aumento de 54 mil millones de dólares en el gasto en Defensa y Seguridad para el nuevo año fiscal.
Además, el nuevo Tío Sam no ha dudado en manifestar su férrea posición sobre renegociar o retirarse del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), pues a ojos del también magnate, el acuerdo comercial, que incluye a su país, además de Canadá y México, únicamente ha beneficiado a este último.
Hoy, 6 de marzo, el mandatario de la Unión Americana firmó la nueva versión de su controversial veto migratorio, que seguirá prohibiendo la entrada de refugiados al país y detendrá la emisión de visados a los ciudadanos de Irán, Somalia, Yemen, Libia, Siria y Sudán, todos ellos países de mayoría musulmana.
Pese a que sí fue afectado en su decreto original, en la nueva versión, Irak resultó excluido de la lista, luego de que el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos explicara que el gobierno de dicha nación adoptó medidas para proporcionar informaciones suplementarias sobre sus ciudadanos para ayudar en la toma de decisiones sobre la migración.
Sin embargo, medios como The New York Times opinan que la razón del cambio se debe a negociaciones mantenidas entre los gobiernos de ambas naciones, un importante socio de la Casa Blanca en la lucha contra el EI, pues Siria comparte frontera al este con Irak, e incluso consultando la aplicación Google Maps, muestra como resultado una distancia de 575.1 kilómetros, en un tiempo de 7 horas 28 minutos hacia el centro del país donde se ha establecido el denominado grupo terrorista.
Nathan Brown, especialista en Medio Oriente de la Universidad George Washington, explicó, en una entrevista a BBC Mundo, que la justificación para esto tiene que ver mucho más con política doméstica que con «cualquier preocupación genuina de seguridad nacional».
También coincide con el hecho de que Irak sea un aliado clave de Washington en la lucha contra el Estado Islámico. Inclusive, otros países cercanos a Estados Unidos, como Arabia Saudita y Egipto tampoco han sido cubiertos por el veto.
Por si fuera poco, Ahmed Yamal, portavoz de Exteriores, luego de aplaudir la decisión de excluir a Irak del nuevo veto migratorio, agregó que consideran el acto como «Un paso importante para caminar en la dirección correcta, con el fin de seguir apoyando la coalición estratégica entre Bagdad y Washington en varios campos y, sobre todo, en la lucha contra el terrorismo».
Más que vital es recordar que apenas el 28 de enero, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que da instrucciones al Pentágono para que presente, en 30 días, una estrategia para derrotar al Estado Islámico y que hoy, parece que comienza liberando a Irak del veto migratorio, pues muchos de sus ciudadanos han luchado junto con tropas norteamericanas durante años o han trabajado como traductores desde la invasión estadounidense de 2003.
Incluso, hasta el asiento donde ahora me encuentro, llega el hedor a ese dichoso plan bélico, envuelto entre las hojas de tal decreto migratorio.
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