La siempre oportuna aparición del súper secretario, Miguel Ángel Osorio Chong, en los momentos más cruentos para el gobierno peñista, rivaliza únicamente con la avaricia de la clase gobernante que no se desprende de sus cargos públicos, ya sea por el siempre útil fuero o para vaciar las arcas de la nación con esos sueldos que lastiman la sensibilidad de los bolsillos mexicanos.
Aunque, tal vez, también rivalice con las detenciones oportunas, que las instancias de seguridad nacional se atribuyeron de los exgobernadores corruptos del nuevo y viejo PRI, en vísperas de comicios de gran relevancia para el país o, incluso, con los actos fallidos, bastante recurrentes del presidente Peña; ese mismo que no recordó con acierto tres libros que marcaron su vida; el mismo que confunde ciudades con estados; el que no olvidó la causa de muerte de su esposa; el que se indignó porque no le aplaudían o, más recientemente, el mismo que sintió un temblor en Los Pinos, un movimiento telúrico que nadie más sintió: debieron ser los nervios de fin de sexenio.
El preámbulo para la aparición de Chong pudo haber sido utilizado hace algunas semanas, cuando estalló el escándalo de la publicidad oficial, un reportaje publicado en The New York Times; sin embargo, gracias a la oportuna aparición de los mismos medios de comunicación ―que salieron a desmentir las cifras del diario estadounidense―, bastaron unas cuantas promesas más para acallar el barullo que ya se escuchaba, pero que el gobierno federal quería maquillar a como dé lugar.
No obstante, la siguiente bomba fue forjada con las declaraciones del gobernador panista de Chihuahua, Javier Corral, quien acusó al gobierno federal de intentar estrangular económicamente a su estado, por la investigación y el proceso que se sigue contra un ex funcionario priista en la entidad.
Parece ser que las palabras de Corral hicieron temblar a toda la maquinaria priista, lista para dar una lucha en las elecciones presidenciales de 2018 que parecía tenían perdidas, pues de inmediato apareció el siempre fiel Secretario de Gobernación, no para desmentir las declaraciones de Corral, sino solamente para prestar su nombre a esos medios que se presumió en el reportaje del Times, recibieron (entre todos) más de 2 mil millones de dólares.
El apellido de Chong comenzó a robar protagonismo a Corral y― a la par que las noticias hablaban del desvío de fondos de Alejandro Gutiérrez Gutiérrez; el amparo de Manlio Flavio Beltrones (por sí las dudas) y las declaraciones de la secretaria general del PRI, Claudia Ruíz Massieu, afirmando que dentro de su partido no encontró indicios que refieran de un posible desvío de fondos (y no creo que los encuentre)― los titulares de los medios nacionales atascaron sus hojas con la noticia de la posible salida de Osorio Chong de la Segob y su búsqueda de una posible senaduría.
Ninguna fuente confirmada, ninguna declaración de Chong, el presidente Peña andaba de gira por Guadalajara, nadie confirmó cosa alguna y Chong estuvo presente en la mente de los mexicanos. En su lugar, quedaría Alfonso Navarrete Priva, según trascendió.
Ya entrada un poco la tarde, un escueto mensaje de Peña Nieto apaciguó las aguas: «No he recibido ninguna renuncia en mi gabinete», aseguró, al tiempo que afirmaba que en México también hay fake news y que aquella tan lejana en 2012, cuando no sabía si era candidato o precandidato, lo llevó al castigo de todos los mexicanos que en todos los titulares leyeron que Peña no leía, aunque lo único que pasó, fue que no recordó bien tres títulos: ¡tres!
Sin embargo, la noticia de la salida de Osorio Chong de la Secretaría de Gobernación sirvió para acallar el escándalo de Javier Corral, ayudado un poco por todo el poderío del PRI; pues si algo ha caracterizado a este partido bajo el mando de Enrique Ochoa Reza, es que todos jalan parejo. Hacienda dijo que el gobierno de Chihuahua les dio mal el número de cuenta, Massieu: que no encontró desvíos, Nuño: que torturaban a Alejandro Gutiérrez, Manlio: que su amparo es para conocer la investigación y Peña: que se trata de un acto con finalidades políticas.
Por su parte, José Antonio Meade calificó a Corral como mentiroso, torturador y traidor; además, lo acusó de cuadruplicar la inseguridad en su estado. Y fue precisamente a causa de Meade que algunos vieron las consecuencias de la salida de Chong, por haberle arrebatado la delantera, cuando parecía el único miembro del gabinete peñista que no haría el ridículo en las elecciones presidenciales. Sin embargo, cuando todos los incondicionales parecían sumarse a Meade, Chong se mantuvo, como siempre, poniéndole el pecho a las balas de los infortunios de la razón peñista.
Pero si era así, por qué motivo se va ahora. Es un hecho que ya no será candidato del PRI, pero, en caso de que ganara José Antonio Meade, ¿no se ve quizá con un puesto en su gabinete?, será acaso miembro de la clase política mexicana cargada de avaricia o, siendo todavía más malpensados, podríamos considerar que el llamado súper secretario pueda estar buscando un fuero federal, para prevenirse de una posible abatida política que bien podría destaparse en el año electoral.
Lo cierto es que Chong parece seguir los pasos de quien en algún momento fue su líder nacional, Manlio; quien ahora parece esconderse bajo las faldas de un amparo, a consecuencia de una bomba que estalló en Chihuahua y que alcanzó a Luis Videgaray, una bomba que tiene exiliado a César Duarte, uno más de esos ex gobernadores priistas que esperan el momento indicado para doblar las manos y presentarse, casi por propio pie, tras las rejas del poder.
Ernesto Jiménez
HOY NOVEDADES/LIBRE OPINIÓN







