México se encuentra en el cuarto lugar del Ranking internacional en adquisición de boletos para la justa futbolística.
Es tanta la alienación que puede provocar dicho deporte durante un encuentro mundialista, que incluso contribuye a la disminución de las acciones delictivas.
Los mexicanos nos caracterizamos por ser apasionados en todo lo que hacemos y el fútbol no es una excepción, pues no importa en qué parte del planeta se realice un evento deportivo, hacemos hasta lo imposible por estar ahí y el mundial de Rusia 2018, será un claro ejemplo.
A 66 días de que comience el evento más importante del balompié, el embajador de Rusia en México, Eduard Maláyan, dio a conocer que la afición mexicana será la de mayor presencia, de entre los países latinoamericanos, en esta Copa y, pese a la incertidumbre económica de nuestro país, nos encontramos en el cuarto lugar del Ranking internacional en la compra de boletos para Rusia.
En la lista de los diez países que más entradas han comprado en esta segunda fase están: Estados Unidos con 16 mil 462 boletos; Argentina, 15 mil 006; Colombia, 14 mil 755; México, 14 mil 372; Brasil, 9 mil 962; Perú, 9 mil 766; China, 6 mil 598; Alemania, 5 mil 974; Australia, 5 mil 905; y la India con 4 mil 509.
Hace unos días escuché un comentario: «En México, la mitad son pobres y la mitad somos ricos»… No apoyo mucho la idea, ya que la riqueza económica en nuestro país está centralizada y son más del 50 por ciento de habitantes los que no tienen una economía estable.
Y sí, «los ricos» serán quienes asistirán al gran evento de fútbol, ellos formarán parte de los 40 mil aficionados mexicanos que irán a Rusia, pero ―¡ojo!―, dicha cifra no solo contempla a los paisanos que habitan en México, sino también a quienes radican en Estados Unidos y otros lugares del mundo.
¿Qué aficionado no muere por ir?, pues el balompié no es solo un deporte para nuestro país, es cultura, pero sobre todo, es pasión. Lamentablemente, para las elites económicas y los políticos, se ha convertido en un elemento en el cual se puede invertir para obtener millones de ganancias y difundir sus valores o ideales. Por medio de este deporte, los grandes consorcios construyen infraestructura, crean empresas, gestionan normas, estatutos y así consiguen prestigio, extienden sus márgenes de maniobra, amplían su influencia y, con ello, aumentan su riqueza.
Como bien dijo Juan Villoro, en su libro Balón dividido: «El fútbol es un sistema de representación del mundo, por ello puede convertirse en espejo de las lacras sociales, la manipulación política, la especulación económica, el dopaje, el nacionalismo, la xenofobia, el racismo, el machismo».
Además, los juegos han servido como enajenación, pues la mayoría de los seguidores se enfrascan tanto en los partidos que olvidan los demás sucesos relevantes en nuestro país, acciones que los políticos aplauden, porque ―como dicen por ahí―, al pueblo tenlo con pan y circo y estará feliz.
A lo anterior, basta agregarle que en México estamos viviendo una de las peores crisis de violencia, donde ya es común despertar y ver en la televisión que murieron, en un solo día, más de diez personas en Acapulco y secuestraron a otros tantos al norte del país.
No obstante, las historias de violencia y las notas periodísticas que las relatan se olvidarán un poco, cuando comience la Copa del Mundo y cada que juegue México, el país se detendrá para sentarse delante de la pantalla televisiva y comenzará a olvidarse de su realidad, a causa de la alienación que puede provocar el fútbol durante un encuentro mundialista que, incluso, contribuye a la disminución de las acciones delictivas, visto que, de acuerdo con las estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la criminalidad baja 30 por ciento en esas fechas.
Bien lo relató el director mexicano, Everardo Gout, en Días de gracia (2011), película que entrelaza, de manera oscura, tres casos paralelos de secuestro, ocurridos en distintos momentos «mundiales», debido a que es «tiempo santo donde todo se vale».
Con esto, no podemos negar que el capitalismo está inmerso en casi cualquier rincón del planeta, está presente en todas las acciones que el ser humano realiza, por lo que las actividades recreativas, como el fútbol, se ven completamente inmersas en este sistema, el cual necesita de ellas para producirse y reproducirse.
Así de definitiva puede ser la influencia de un deporte transformado en espectáculo de consumo masivo.
Por Blanca Cortés
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