Aunque Anaya sigue diciendo que su candidatura es la única que puede vencer al aspirante de Morena, parece que hay una remota posibilidad de aliarse con el PRI para buscar que AMLO sume su tercera derrota en elección presidencial.
Ricardo Anaya Cortés logró apoderarse del PAN y desplazar a Margarita Zavala en la lucha interna por la candidatura presidencial. La ex primera dama agarró sus cosas y se fue del partido. Triunfo político que dio fe de su habilidad y vena política. Sin embargo, entendió que tras la ruptura blanquiazul necesitaba aliados y se puso a trabajar en una coalición, así surgió la alianza Por México al frente junto con el PRD y Movimiento Ciudadano.
Rafael Moreno Valle y Miguel Ángel Mancera (con acuerdo de por medio) le abrieron paso al que sería el candidato a Los Pinos. Anaya lo volvió a hacer. El anuncio oficial fue en el Auditorio Nacional, rodeado de la crema y nata panista y perredista, con el Jefe Diego como padrino.
Arrancaron las campañas y entonces aparecieron los detalles incomodos: nexos con el empresario Manuel Barreiro, su nepotismo en Querétaro (puso a sus amigos como presidentes del IEEQ y el TEEQ) y la red de corrupción que se investiga desde Europa. Sí, el mismo que critica la política de cuates, al amiguismo y la corrupción también se machuca los labios. Es como el Bronco hablando de transparencia y legalidad cuando muchas de sus firmas para lograr el registro como candidato fueron apócrifas.
En el inicio de su campaña se mostró como uno de los personajes más críticos contra el PRI y aseguró que todos los corruptos la iban a pagar, incluido Peña Nieto. Sin embargo, el viernes pasado, en una reunión con banqueros del Grupo Citibanamex, Anaya volvió a hacer gala de su vena política y se dijo dispuesto a «construir» con el inquilino de Los Pinos para no permitir que AMLO gane las elecciones; habló de la apertura, de la reforma educativa. Es decir, continuar con la línea que se tiró en el primer debate presidencial: todos contra el tabasqueño.
Pero horas más tarde el panista aseguró que lo que él hizo fue un llamado al «voto útil» y que no acordará ningún «pacto de impunidad» con Peña Nieto. No obstante, la realidad parece indicar otra cosa. Si bien el debate (con sus asegunes) dejó buenas sensaciones para Anaya no representó un golpe para AMLO, a esto le agregamos que la campaña del panista sigue dejando mucho qué desear.
Ha optado por visitar entidades con alto padrón electoral: Estado de México, Veracruz, Jalisco, Nuevo León, la Ciudad de México y Puebla; en este último estado, bajo el cobijo de Moreno Valle, los actos proselitistas tienen un buen alcance. Además, se ha dedicado a visitar universidades privadas en busca del voto joven con tendencias a la derecha. La estrategia parece ser buena pero no suficiente.
Parece que Anaya ha optado por tibiar el agua. Ya dijo que no se ocupará de «andar peleando con el PRI» que su objetivo será AMLO. Para los malpensados esta frase puede tener la siguiente lectura: «dejo de pegarle al PRI para, si no puedo alcanzar solo a AMLO, que se me una para lograrlo».
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