Tom Wolfe murió a la edad de 87 años a causa de una infección.
Wolfe es considerado el padre del nuevo periodismo, género que, por primera vez, introdujo al reportero como parte de la noticia.
El día de ayer se dio a conocer el lamentable fallecimiento de Tom Wolfe, el hombre que fue bautizado como «El padre del nuevo periodismo». Y es que, con su estilo único, este escritor logró darle un nuevo aire a la labor del reportero, uniendo la descripción de los hechos y los testimonios mediante los sentimientos, pues con su afán de representar la información lo más apegada posible a la realidad, fue el iniciador de una nueva corriente que acercaría más a los devoradores de novelas (muchas veces ficticias) con la cruda realidad del mundo periodístico (muchas veces manipulada) y viceversa.
Nacido en Richmond (Virginia, Estados Unidos) en 1931, un pequeño niño de apellido Wolf soñaba con ser algún día un gran escritor. Sin embargo, antes de que esto ocurriera ―y con unos años más de vida―, este mismo joven tuvo que adentrarse en las frías, divertidas, peligrosas y, en ocasiones monótonas, pero siempre necesarias, manos del periodismo. Aunque hambriento de la labor reporteril, algo no parecía saciar su sed de tinta, así que, poco a poco, comenzó a llevar a cabo ciertos “experimentos” mediante sus primeros reportajes en la revista Esquire y los diarios New York Herald Tribune y el Washington Post.
Estos experimentos, pequeños monstruos de Frankenstein que unían retazos de verdad con pedazos de literatura, dieron como resultado el «nuevo periodismo», el cual, en vez de aquel frío e incomprendido científico llamado Víctor, esta vez tuvo un padre amoroso conocido como Tom Wolfe.
Pero, ¿cuál fue la llama que este moderno Prometeo del periodismo trajo a la novela? La respuesta es fácil, pero no simple e, incluso, sacrílega. El periodista ―el buen periodista y, obviamente, limitándonos al hecho de informar y no de opinar― tiene como una máxima el buscar la historia, transmitir la historia, pero nunca ser parte de la historia y, mucho menos, ser él mismo la historia… Wolf se atrevió a serlo.
Este hombre en capullo de periodista emergió paulatinamente como novelista, pues comenzó a agregar a sus escritos elementos propios de la novela; pero no solo eso, sino que fue más allá al relatarlos en primera persona (ya sea a manera de narrador o de protagonista), algo que si bien estaba considerado prohibido también fue innovador. Fue así que en 1973 un nuevo género se había consolidado en EU, el nuevo periodismo estaba vivo… ¡Vivo!
Con el paso de los años, Wolf fue demostrando que este no se trataba de un género pasajero, sino de algo necesario que había llegado para nunca más irse. Pruebas de ello tenemos en sus novelas y antologías como El buen género, La banda de la casa de la bomba, La palabra pintada o su obra cumbre La hoguera de las vanidades y hasta su último trabajo Bloody Miami.
Por desgracia, luego de 87 años en este mundo, las deidades del periodismo decidieron tomar la vida de aquel Prometeo que se atrevió a traer una nueva llama al oficio del periodista, aunque, por fortuna, el fuego que encendió con ella perdurará hasta que la tinta se borre de nuestras memorias. ¡El moderno Prometeo ha muerto! ¡Viva Tom Wolfe!
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Por Israel Yerena
HOY NOVEDADES/ LIBRE OPINIÓN







