La plaza del ajolote.
¿Qué será de México el próximo 2 de julio?
En su Jardín de los senderos que se bifurcan, el escritor argentino, Jorge Luis Borges, planteó la lucha de las múltiples probabilidades con el futuro único, en otras palabras, un porvenir plagado de diferentes variantes: diversos escenarios que se contraponen, contradictorios, tan reales como diferentes, pero siempre posibles.
Su protagonista, Yu Tsun, enfrenta la necesidad de comunicar a Alemania el sitio que deben bombardear para destruir la artillería británica, pero su voz —asegura— es insuficiente para alcanzar a ser escuchada por sus superiores. ¿Qué hacer entonces?
Al releer las líneas que escribió Borges, no pude dejar de pensar en las propuestas de los aspirantes a la silla presidencial, éstas —pensé— al igual que en el Jardín representarían la angustia del protagonista por hacer llegar la información que posee a las manos correctas. Entonces, el pueblo mexicano sería la Alemania que espera con ansias la fórmula para acabar con la artillería inglesa, en este caso representada por el gobierno en turno.
Cada una de las promesas de campaña (que han sido pocas) fueron recogidas generación tras generación, como un libro que se deja inconcluso para que alguien más —quien quiera que desee aportar— le agregue un par de líneas, un párrafo, una historia o, simplemente, prometa lo que no se cumplió en el pasado.
Así, al igual que en la ficción de Borges, Yu Tsun se encuentra con un libro escrito por uno de sus antepasados, el manuscrito es un sinsentido de páginas y capítulos, según su vigía, Stephen Albert, para que sus descendientes pudieran continuarlo o bien (cree), porque ese compendio de historias entrelazadas y confusas es el mismo Jardín de los senderos que se bifurcan.
El texto tiene como característica principal el desorden de acontecimientos, la contraposición de los mismos y la carencia de la palabra tiempo. Al igual que nuestras campañas presidenciales, donde los «chapulineos» de los políticos son más recurrentes de lo pensado, lo mismo vemos panistas disfrazados de priistas, como priistas de morenistas y perredistas de lo que se pueda: la coherencia y la ideología política no existen cuando de años electorales se trata.
Dejar de lado las convicciones políticas y el querer trabajar para el pueblo, no reflejan ya las cualidades de la clase política nacional, en su lugar, nos hemos acostumbrado a los mismos políticos, a los de siempre, saltando de curul en curul, de partido en partido, siempre en busca de poder, de fuero, de dinero, de una estabilidad que garantice el libre acceso a los placeres propios de su clase, pero bastante ajenos a millones de mexicanos.
El 1 de julio, los mexicanos llegaremos a las urnas con miles de cuestionamientos, dudosos y temerosos, con relación al respeto de la democracia nacional, pero no sé si conscientes de todos los posibles futuros que podrían desplegarse del acontecer tras ese día. Aunque poco probable, sería un ejercicio bastante satisfactorio imaginar qué pasaría el 2 de julio si ganara «el Bronco», si Anaya convence a Margarita de cederle sus votos, si Meade abandona el ropaje del PRI y desempolva su campaña; si Obrador pierde por tercera vez.
Para millones de mexicanos existe solamente el futuro que han decidido creer: «una amenaza para México», una estabilidad económica o la garantía al estado de derecho. Pero me pregunto si han considerado dos o más de estas opciones en el futuro próximo de México, quizá como en el cuento de Borges, varias de ellas puedan convivir, aunque salga de nuestro imaginario colectivo y parezca un escenario de ficción.
Lo cierto es que el país necesita un cambio, no solo de poder, también de políticas públicas y estrategias. En este sentido, quien convenza al pueblo de dicho cambio, ganará la simpatía de millones, sin importar el cumplimiento de sus promesas, las cuales, como ya vimos, servirán para el próximo sexenio, cuando el entonces candidato o candidata, las haga suyas y las incumpla, arrojándolas al olvido sexenal.
Al final, Yu Tsun asesina a Stephen Albert y así envía un mensaje codificado a Alemania: deben bombardear la ciudad que lleva ese nombre. —Entonces comprendí—, no son las propuestas de los candidatos las que representan la angustia del protagonista por cumplir su misión, ni el pueblo mexicano la Alemania a la espera de bombardear al partido en el poder.
México (el pueblo) está gritando sus necesidades a quienes quieren gobernarlos y serán ellos los que decidan utilizar, o no, la artillería para terminar con las amenazas al país, mientras tanto, y en espera de hacer valer la decisión del pueblo, nada perdemos con imaginar varios caminos, diversos futuros para la nación, adversos, difíciles, violentos, cruentos o favorables, pero todos ellos posibles, en un país que aún nos pertenece (no sé por cuanto tiempo).
Por: Ernesto Jiménez
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