La PGR no le pudo demostrar los delitos armados por Murillo Karam en 2013.
Tras casi seis años en la cárcel y a poco más de diez días de haber conseguido su libertad, Elba Esther Gordillo se reencuentra con la vida pública.
No hay plazo que no se venza, dice aquel dicho popular. Y es que el día lunes 20 de agosto, al punto de las 11 de la mañana, diversos medios de comunicación fuimos convocados en el Hotel Presidente Intercontinental para que la ex lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo finalmente haga declaraciones en torno su excarcelamiento.
Tras permanecer casi un sexenio presa, los abogados de Gordillo hallaron el método o vacío legal en la estrategia peñanietista para lograr la libertad de la ex líder sindical. Al respecto, Juan Díaz de la Torre, quien ocupó su lugar al frente del SNTE no ha dicho nada, esto a pesar de que, según se rumora, uno de los caminos por los que podría conducirse Elba es regresando a dicho gremio para asumir que hasta el 2013, era vitalicio.
EN 2013, a tan solo tres meses de haber tomado posesión el presidente Enrique Peña Nieto, Elba Esther Gordillo fue aprehendida y consignada a un cúmulo de delitos que nunca se le pudieron comprobar. Ahora, a poco más de tres meses para que el ex gobernador del Estado de México se vaya de Los Pinos, la maestra regresa.
Murillo Karam vuelve a quedar como un incompetente, ya que él habría sido quien, en conjunto con Mariana Benítez, armaron el caso para que el 26 de febrero de 2013, la maestra fuera detenida. Este sería el primer gran fracaso de la administración peñanietista, el segundo, también fraguado por el entonces procurador General de Justica, fue el Caso Ayotzinapa.
La situación en torno a su detención es simple, violaron el debido proceso y se obtuvieron pruebas sin que la querellas de información se realizaran en tiempo y forma a las instancias competentes, es decir, la PGR debía haber solicitado a la Secretaría de Hacienda, en ese entonces a cargo de Luis Videgaray, la información en torno al supuesto lavado de dinero que permeaba a la maestra. Esto no fue así, la PGR avanzó en la investigación y para sustentar su dicho, pidió a posteriori la información a la dependencia antes dicha.
Lo que antecede a estos hechos, es aún más simple. Hagamos memoria, recuerda aquel 2012, año electoral, en el que tres candidatos y una candidata hicieron labor para colocarse en el ojo electoral. Pues uno de los candidatos era Gabriel Quadri, emanado del Partido Nueva Alianza (Panal), fundado por Gordillo. Formado de una base sindical magisterial, usado en elecciones pasadas para fortalecer al mejor postor.
Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón fueron los beneficiados. No obstante, con EPN la cosa fue distinta. Ya al final del sexenio de Calderón se perfilaba la Reforma Educativa, a la cual Gordillo se negaba. No permitiría que su gremio fuera maniatado por alguien que no fuera ella. Fue férrea opositora y ante el triunfo opositor, terminó encarcelada para dejar al SNTE sin timón y así, ejecutar una de tantas reformas estructurales.
Ya hemos hablado del primer camino que tiene Elba Esther a su regreso a la vida pública del país, la búsqueda de la dirigencia de la SNTE. Hecho que se antoja difícil más no imposible. Otra opción, es guiarse por el camino político, regresar a la base del sindicato y buscar la dirigencia del Panal o bien, crear un nuevo partido.
Nuevos bríos se asoman en el horizonte obradorista. Su triunfo, con apoyo de las Redes Sociales Progresistas, creadas y dirigidas por familiares de la maestra, entre ellos su nieto, el joven René Fujiwara, lo vuelven susceptible a malos pensares. Sobre todo luego de que Napoleón Gómez Urrutia, líder sindicalista minero, fuera postulado por Morena a una senaduría.
Nos queda pensar en el tipo de oposición que será Gordillo, en el tipo de cambios que devendrán en el cargo que asuma y en donde sea que lo asuma. Difícil es creer que no tenga sed de venganza y más bien, se plantee una amnistía.
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